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El pueblo apostólico (misionero) de Dios: la misionología de Hechos 1:8 (primera parte)

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2009.1

EL PUEBLO APOSTÓLICO (MISIONERO) DE DIOS

LA MISIOLOGÍA DE HECHOS 1:8[1]


Por Delonn Rance

 

 

Introducción

 El momento de cumplir la visión de comunicar el evangelio a toda persona y plantar la iglesia en todo pueblo es ahora. Las Asambleas de Dios a nivel mundial experimenta las bendiciones de Dios y es responsable de aprovechar el momento y la oportunidad al llegar a ser lo que ha sido llamado a ser, el pueblo apostólico (misionero) de Dios. El propósito de este documento es definir a las misiones Pentecostales como parte de una misiología de las Asambleas de Dios en proceso como surge de Hechos 1:8 “Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” al afirmar que Dios es el autor de las misiones (serán mis testigos), al reconocer que la iglesia es la agencia de misiones (serán mis testigos), y al comprometer a la acción de misiones (serán mis testigos). La conclusión de este documento es seguido por un glosario en proceso de términos misiológicos claves para facilitar el dialogo.

 

Melvin L. Hodges, líder misionero y misiólogo pionero de las Asambleas de Dios, provea la definición siguiente de misiones Pentecostales:

 

Misiones se refiere al cumplimiento del propósito redentor de Dios a través de instrumentos humanos en donde sea que el hombre se encuentre. Obviamente, las misiones no inician con el misionero o evangelista. El misionero solo es un instrumento. Además, [él/ella] no esta solo. [Él/ella] es un miembro de la Iglesia y su representante. Por ende, la importancia del estudio de eclesiología en el estudio de las misiones.

¿Qué es la Iglesia? ¿Cuál es la misión de la Iglesia? La Iglesia en sí no es la fuente de misiones. Hay que regresar más allá. La Iglesia es el resultado del propósito y plan redentor de Dios. La Iglesia es el objeto del amor de Cristo. La Iglesia es el cuerpo de Cristo, a través del cual el propósito eterno se lleva a cabo. La iglesia es de Cristo y Cristo es de Dios. (I Corintios 3:23).

El estudio de las misiones, entonces, llega a ser el estudio de la Iglesia. Una teología débil de la Iglesia producirá un impulso débil de misión. Sin embargo, el estudio no puede iniciar con la Iglesia. Hay que regresar a la fuente—El plan y propósito de Dios. Las misiones nos llevan de regreso al corazón de Dios. (Hodges 1977:10) (traducción Rance).

 

El Autor de Misiones: El Pueblo Apostólico de Dios

“serán mis testigos”

 

Como observa Hodges en la cita anterior, las misiones no inician con un misionero particular ni encuentra su fuente en la iglesia, más bien las misiones inician en el corazón de Dios cuyo propósito era revelarse a toda persona y reconciliarles consigo mismo mediante el Hijo, Cristo Jesús. Toda la Trinidad colabora en el plan redentor. En el huerto Dios, el Padre llama a Adán (ser humano) caído, ¿Dónde estás? (Gen. 3:9). El Hijo proclama que vino  “a buscar y a salvar a lo que se había perdido” (Lucas 19:10). “El Espíritu y la novia dicen: «¡Ven!»;  . . . El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida.” (Apoc. 22:17). El Espíritu continúa el ministerio y la misión de Jesús por medio del pueblo apostólico de Dios, la iglesia. La misión y las misiones pertenecen a Dios.

 

Es en Dios que la iglesia, la manifestación terrenal del reino de Dios en la edad presente, encuentra su definición. Es Dios quien pone la agenda de misiones no la iglesia.[2] Esta agenda de revelación y reconciliación se revela en las palabras de Dios, los hechos de Dios, y el logos de Dios, los cuales han sido anotados en forma autorizada e inspirada por el Espíritu Santo en la Biblia. Desde la creación, al llamado de Abraham y el pueblo de Israel a ser un pueblo misionero a las naciones, a la encarnación, crucifixión, y resurrección de Jesús, a la venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, y finalmente, a la segunda vendida de Cristo y la plenitud de reino de Dios, Dios ha propuesto redimir un pueblo para sí.

 

Hodges ofrece el siguiente resumen de verdades bíblicas que sostienen las misiones:

 

1.         Las Escrituras, la autoridad final para la fe y la práctica, son lo último en determinar la naturaleza y el alcance de la misión de la Iglesia.

 

2.         El estado perdido del hombre, separado de Dios y sin la habilidad de salvarse así mismo, es un hecho trágico que encuentra su remedio únicamente en la salvación ofrecida a través del Evangelio de Cristo.

 

3.         El estado único de Jesucristo como hijo de Dios y Salvador del hombre. “En ningún otro hay salvación,” Hechos 4:12

 

4.         Todo hombre es candidato a la salvación en Jesucristo con la condición de arrepentimiento del pecado y fe hacia Dios a través de Jesucristo.

 

5.         La Iglesia, compuesta de creyentes verdaderos en Jesucristo, es la posesión de Dios mismo y su agente para la evangelización del mundo.

 

6.         El Espíritu Santo mora en la Iglesia y llega a ser la fuente de poder y capacitación para las misiones mientras los creyentes reciben de su plenitud.

 

  1. El retorno de Cristo a la tierra es la esperanza de creyentes verdaderos y la solución final a los problemas de la tierra. Los reinos de esta tierra llegarán a ser los reinos de Nuestro Dios y su Cristo, y El reinará para siempre. (1977:19)

 

Dios, el autor de las misiones, “no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan” (2 Ped.3:9), más bien, su deseo es que toda persona y todo pueblo sea restaurado a relación con él y con los demás. Espera pacientemente a la iglesia para que cumplan la comisión (2 Ped.3:15). El Padre ha determinado el momento de la llegada de la plenitud del reino (Hechos 1:6-7), pero hasta ese momento, el pueblo apostólico de Dios continua el ministerio de revelación y reconciliación de Jesús por medio de la presencia y el poder continuo del Espíritu Santo. Los Pentecostales resuelven la tensión entre “missio Dei” la misión de Dios y “missiones ecclesiarum” las misiones de la iglesia, al reconocer y afirmar que la actividad de la iglesia en misiones procede de la misión de Dios por la dirección y el poder del Espíritu Santo. El Espíritu comunica las buenas nuevas del reino de Dios por medio de la agencia de la iglesia.

 

La Agencia (Las Agencias) de Misiones: El Pueblo Apostólico de Dios

serán mis testigos”

 

En esta edad entre las venidas de Jesús, el ha llamado a un pueblo así mismo, y declarado que sea su agencia de misiones. “Ustedes” en referencia a sus discípulos “serán mis testigos”. Como observa Hodges, “La Iglesia es el resultado del propósito y plan redentor de Dios. La Iglesia es el objeto del amor de Cristo. La Iglesia es el cuerpo de Cristo, a través del cual el propósito eterno se lleva a cabo. La iglesia es de Cristo y Cristo es de Dios. (I Corintios 3:23)” (1977:10). La Iglesia es a una sola vez la comunidad de los redimidos, el pueblo de Dios, y la comunidad apostólica (enviado, comisionado) redentora (1977:165). Uno no puede ser miembro de una comunidad sin ser miembro de la otra (es decir, uno no puede ser un verdadero seguidor de Jesús sin cumplir su mandato misionero.) Las misiones no son optativas. “Serán mis testigos.”

 

Todo creyente y toda congregación local es responsable por el mandato misionero. Por definición, la iglesia deberá ser el pueblo apostólico de Dios. Así como las misiones no son optativas para la iglesia, a la vez las misiones no son posibles fuera de la iglesia. El objetivo de toda actividad misionera deberá ser plantar y nutrir la iglesia. Iglesias locales y nacionales no son optativas en las misiones porque son la comunidad de los redimidos de Dios. Es en las congregaciones locales que discípulos son hechos. Por ende, “El estudio de las misiones, entonces, llega a ser el estudio de la Iglesia. Una teología débil de la Iglesia producirá un impulso débil de misión.” (Hodges 1977:10).

 

Lo que une a los creyentes como una comunidad orgánica es la necesidad mutua de perdón y relaciones restauradas, simbolizadas en la cena del Señor por la copa y el pan, y la comisión apostólica, “proclaman la muerte del Señor hasta que él venga” (1 Cor. 11:26). Estas relaciones redefinidas se describan como los tres aspectos del ministerio de la iglesia: 1. un ministerio de servir y adorar a Dios (Juan 4:23-25, Hechos 13:2), una relación vertical con Dios restaurada en donde cada creyente se somete al gobierno de Dios 2. un ministerio a otros miembros de comunidad de la iglesia, una relación horizontal restaurada los unos con los otros en donde cada miembro utiliza los dones y los recursos dotados por Dios para edificar los otros miembros (1 Cor. 12:12-27; Ef. 4:16) y 3. un ministerio de comunicar el evangelio al mundo, un alcance horizontal en amor hacia los perdidos (Mat. 28:19-20; Hechos 1:8) (cf. Hodges 1977:77). El bautismo del Espíritu Santo abre la puerta al poder del Espíritu para poder vivir bajo el gobierno del reino para vivir una vida en adoración, en servicio, y en santidad que resulta en la edificación del cuerpo y en testimonio al mundo.  “. . . Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder . . .” (Hechos 1:8)

La comunidad apostólica nacido en Pentecostés deberá ser un rotulo del reino de Dios. La iglesia no es el reino, pero cuando los creyentes, como individuos y como comunidad, se sometan a la dirección y poder del Espíritu, el reino de Dios se manifiesta en la tierra. El propósito del pueblo apostólico de Dios se expresa en comunidad koinonia: “ámense los unos a los otros”; en kerygma: “Jesús es Señor”; en diakonia: servicio a “uno de estos mis hermanos más pequeños”; y en martyria: “serán mis testigos, sea reconciliado con Dios” (Van Engen 1991:87-99). Este testimonio apostólico se realiza en el poder del Espíritu.

 

La Acción de Misiones: El Pueblo Apostólico de Dios

“serán mis testigos

 

El pueblo apostólico, los “enviados” de Dios, es comisionado por Jesús para dar testimonio de su resurrección, de las buenas nuevas del reino de Dios, y del continuo ministerio de revelación y reconciliación de Jesús en el poder del Espíritu. Este evangelio del reino nunca cambia y es para toda persona y todo pueblo. Afirma que el reino de Dios ha llegado en la encarnación, crucifixión y resurrección de Jesús, pero que la plenitud del reino vendrá con la segunda venida del Cristo.

 

El pueblo apostólico de Dios deberán comunicar el mensaje del “evangelio completo” con señales y milagros que proclama a Jesús Cristo como Salvador, él que responde a las necesidades espirituales del ser humano; como Sanador, él que suple las necesidades físicas de las personas; como Bautizador, él que llena las necesidades emocionales y volitivas de cada individuo; y como el Rey que pronto viene, él que provee esperanza y razón de ser para la humanidad. Las Asambleas de Dios de los Estados Unidos describe el mensaje como:

 

Basado en la Biblia: La Palabra de Dios inspirada e infalible es la semilla de la cosecha mundial, el pan de los espiritualmente hambrientos, y la luz que proclama la gracia y liberación de Dios a un mundo que esta perdido y atado en la oscuridad del pecado. Realizado en el poder del Espíritu: El Espíritu convence del pecado, trae confianza que los pecados son perdonados, imparte la paz que pasa todo entendimiento, y guía a toda verdad. Somos totalmente dependientes del Espíritu Santo y su poder para que nuestro mensaje dé el fruto que Dios ha prometido. Centrado en Cristo: Jesús,. . . Dios quien se hizo hombre. . . . es el Salvador del Mundo. Él entrego su vida para redimir la humanidad pecaminosa. Al igual que el misionero-apóstol Pablo, nuestro mensaje a un mundo perdido es “Jesucristo y él crucificado” 1 Cor. 2:2 (Evangelio Pentecostal 2001a:31 Traducción Rance).

 

Pablo presenta un resumen de la esencia universal del evangelio:

 

Ahora, hermanos, quiero recordarles el evangelio que les prediqué, el mismo que recibieron y en el cual se mantienen firmes. Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.  Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras, y que se apareció a Cefas, y luego a los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, . . . (1 Cor. 15:1-6ª).

 

Sin embargo, Pablo también es claro en afirmar que para dar testimonio a este evangelio, el pueblo apostólico de Dios tiene que seguir el ejemplo de Jesús e identificar con el pueblo para ser alcanzado, encarnando el evangelio en formas contextuales que serán entendidas por los oyentes (1 Cor. 9:19-23). Jesús declara, “. . . Como me envió el Padre, así también yo os envío.” Así que, el pueblo apostólico de Dios tiene que dar testimonio de Jesús al seguir su ejemplo en la encarnación, crucifixión y resurrección (Filipenses 2:5-11; Juan 13:12-17, 34-35).

 

 



[1] Originalmente presentado al Foro de Liderazgo de Misiones del Congreso Mundial de Misiones de las Asambleas de Dios en Buenos Aires, Argentina Abril 23-27, 2007 bajo el titulo: “El Pueblo Apostólico de Dios: El Definir de Misiones Pentecostales en una Misiología de las Asambleas de Dios en Proceso.”

 

[2] Vea también “Los Cuatro Aspectos del Paradigma de Cristo en Ministerio” Ray S. Anderson 1979, 1986.

Delonn Rance


 

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