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Desafíos del maestro pentecostal

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2014.1

Por José Saucedo


El maestro pentecostal tiene desafíos específicos en este siglo. Hacer discípulos en nuestra época exige agudo discernimiento sobre la misión, el perfil del producto que deseamos lograr, la problemática del creyente contemporáneo, las herramientas necesarias para el trabajo, la doctrina que impartiremos, así como la que combatiremos.

 

Los principales desafíos de la iglesia pentecostal contemporánea

Equilibrio entre el conocimiento bíblico y la experiencia

Abundan en la actualidad libros, videos, fuentes y medios de contenido doctrinal. Las instituciones educadoras de corte ministerial se han multiplicado. La iglesia cuenta con teólogos, exégetas, biblicistas, hermeneutas y otros expertos. Las exposiciones sermonarias de muchos pastores y maestros tienen excelente nivel. Aunque no podemos hablar de plenitud o madurez catequética, parece que la falta de doctrina no es el problema.

La crisis de la iglesia actual es que la enseñanza queda sólo en la transmisión de conceptos, sin provocar la experiencia que la confirme. Tenemos iglesias pentecostales con menos de la mitad de bautizados con el Espíritu Santo. La consagración se predica, pero no se practica; la gran comisión está en nuestros documentos, pero la mayoría de las congregaciones retiene el apoyo económico a las misiones.

El modelo paulino en Éfeso debe ser el del maestro pentecostal. Los discípulos de Apolos ni siquiera habían escuchado del Espíritu y sólo conocían el bautismo de Juan. El capítulo 19 de Hechos narra que Saulo los condujo a la práctica del sacramento y a la llenura del Espíritu. El equilibrio entre el conocimiento teológico y la experiencia producirá creyentes de convicción por la Palabra y por la vivencia. El maestro pentecostal ha de orar para que Dios lo convierta en un comunicador efectivo de la verdad, de tal manera que su saber se vuelva más práctico.

Equilibrio entre la cristología y la neumatología

El cristocentrismo no riñe con la doctrina neumatológica. Nadie es más cristocéntrico que el Espíritu Santo ni más neumatológico que Jesús. Históricamente, en el génesis de la iglesia se predicaba un mensaje de tres puntos:

  • salvación
  • bautismo en agua
  • bautismo en el Espíritu Santo

Como resultado la gente se convertía, se bautizaba y era llena del Espíritu Santo. El gozo de la salvación, la obediencia del bautismo y el poder del Espíritu eran un trinomio inseparable en la experiencia de los conversos. En algún momento de la historia separamos los elementos en tres sermones para predicar cada uno en tiempo y forma distintos, con la consecuencia de que tenemos personas que hacen confesión de fe, sin bautizarse ni ser llenos del Espíritu. Como se fracturó el mensaje también la experiencia.

No pocas veces se presenta a Cristo con ausencia del tema del Espíritu Santo. Hay quienes convierten al Consolador en el centro de la predicación, sin dar la debida gloria al Señor. El maestro pentecostal ha de procurar el cristocentrismo, la persona, la doctrina y la obra del Salvador han de ser el fundamento y el énfasis de su enseñanza. Pero siempre hablaremos de un Cristo neumatológico.

Equilibrio entre la procuración de dones y fruto del Espíritu

La llenura del Espíritu Santo no sólo tiene que ver con el poder para lo sobrenatural, también necesitamos ser llenos de las virtudes del fruto. El amor, la paz, la paciencia, el gozo, la fe, la bondad, la benignidad son el camino más excelente. Fruto y dones del Espíritu son la conjugación perfecta para una vida plena en el creyente y el ministro. Como pentecostales no deberíamos tener que escoger entre uno y otro. Lo ideal sería procurar ambos factores para disfrutar una vida y un ministerio pleno en la enseñanza de la Palabra.

 

Los principales desafíos del maestro pentecostal

Equilibrio entre el factor teológico y el académico

El maestro pentecostal debe procurar que su exposición no quede en el nivel de la reflexión filosófica, sino que aterrice en forma concreta, deje tareas y provoque quehaceres específicos para la vivencia cotidiana. Que las clases sean aplicables y propongan acciones, promuevan valores, fomenten actitudes, a partir de los principios teológicos y espirituales.

Equilibrio entre la mística y la academia

En las aulas pentecostales se deben promover los valores de la experiencia con Dios, sin descuidar el deber de la superación en el ámbito del conocimiento. Hay que cultivar las disciplinas del ayuno, la oración, la consagración y la separación del mundo, sin promover el separatismo pietista y el misticismo aberrante.

Nuestra gente tiene que desarrollar sensibilidad al Espíritu Santo y fundamentar su experiencia en el entendimiento de la Escritura interpretada de forma correcta. Experiencia y sana doctrina es una fusión poderosa que detonará en la formación de discípulos vigorosos en la fe y robustos en su complexión espiritual.

Es necesario que nos empeñemos en producir alumnos dependientes del Espíritu Santo. Tenemos que forjar ministros comprometidos con el Señor, gente sumisa a Cristo. En el mundo actual hay demasiada preocupación por obtener títulos y acreditaciones, y muchas veces se diluye la mística pentecostal. Defendamos nuestro sello característico que es un ministerio apasionado por Cristo bajo la dirección del Espíritu.

Equilibrio entre la exégesis y la hermenéutica

El maestro pentecostal tiene que establecer un equilibrio entre la expresión de principios y la contextualización. Vamos a la Palabra del Señor con un procedimiento exegético en busca de verdades palpitantes, producto de un escrutinio serio, luego procuramos que esas verdades sean aterrizables en la vida práctica de la iglesia, luchando siempre por que el mensaje llegue en términos sencillos y entendibles a la mente del estudiante. La idea de la función hermenéutica es simplificar, nunca complicar.

Equilibrio entre la doctrina y la ética

La enseñanza del maestro pentecostal ha de partir de un principio bíblico, cristológico y apostólico para aterrizar en una aplicación práctica adecuada y pertinente para la situación del discípulo. Las verdades de la Escritura tienen que ser trasladadas del contexto bíblico al contexto actual del discípulo. La doctrina será entendible, practicable para los creyentes. En la clase se instruirá sobre un aspecto fundamental del evangelio y luego se ejemplificará su aplicación a las necesidades, situaciones y problemas de la gente en forma específica. El qué y el cómo de la doctrina se deben presentar en cada aula. Nuestro desafío es la conjugación de la teología con sus implicaciones en la vivencia.

 

Lo que se requiere del maestro pentecostal

Un maestro más preparado en el campo bíblico

El maestro debe amar la Biblia, escudriñarla, entenderla, analizarla. Para ello se requiere disciplina en la lectura y meditación. Ésta es nuestra principal herramienta en el ministerio de la enseñanza. El maestro ha de dominar la hermenéutica; acostumbrarse a comprender las palabras en su conjunto de la frase y los textos en su contexto. Que lo que explique sea es la verdad y no una idea preconcebida.

Un maestro más preparado en el discernimiento

Se tiene que realizar el trabajo de filtro para la supervisión de la calidad doctrinal en la iglesia. El maestro debe escuchar con atención las participaciones de sus alumnos, observar sus actitudes y detectar posibles peligros en cuanto a la infiltración de doctrinas ajenas, así como actitudes cismáticas o problemáticas en los miembros. A la brevedad debe procurar que se atienda el problema, ya sea con la doctrina pertinente o con el trato pastoral adecuado.

Un maestro más abierto a la obra del Espíritu Santo

Ha de tener el maestro pentecostal conciencia de que al ser llamado será capacitado por el Espíritu. La mayor prioridad será desarrollar la habilidad de escuchar, entender y obedecer la voz del Espíritu. Tenemos que ser más creativos e intencionales en crear un ambiente espiritual en las clases, de modo que los alumnos perciban la presencia divina en el aula.

Necesitamos mayor apertura a la iluminación del Espíritu.  Roguemos que el inspirador de las Escrituras nos capacite para comprender las verdades bíblicas. Cuando dependemos de la iluminación del Espíritu Santo en el estudio bíblico y la preparación de la clase vamos en completa convicción de que a través de nosotros el Consolador enseña. Juan 14:26

Desde el inicio de la clase hasta su culminación debe ser dirigida por el Espíritu Santo. La tendencia actual es separar lo académico de lo devocional. En el pentecostalismo la devoción por el Espíritu dirige la investigación, la dinámica y la exposición de la doctrina.

Necesitamos más apertura para que el Espíritu nos dirija a la plenitud de la verdad.

Ser maestro pentecostal significa dar lugar al Espíritu en todo el proceso de  la enseñanza-aprendizaje. No sólo se trata de compartir información bíblica y teológica, sino de crear el ambiente propicio para que los discípulos reciban la doctrina con la iluminación del Espíritu. Uno habla de lo que sabe, pero mucho de lo que decimos desaparece, pero si las personas que nos escuchan creen que quien habla lo hace de parte de Dios veremos la realización del ideal en la enseñanza-aprendizaje. El Espíritu Santo tomará una palabra, una frase, una inferencia y enseñará a la gente a través de nosotros. De manera que la gente es enseñada por Dios en el aula del maestro pentecostal. La iglesia se confirma en su fe y su praxis bajo la guía del Espíritu de verdad que hace las veces de Maestro. Juan 16:13. La iglesia es preservada en la verdad divina mediante la unción del Espíritu Santo. 1 Juan 2:20, 27

Necesitamos mayor apertura a la llenura del Espíritu

La iglesia es provista de liderazgo por el Espíritu Santo y la llenura de éste debe caracterizar a los maestros. Hechos 6:1-6; 15:1-4. Los dones espirituales sirven para realizar las funciones administrativas y ministeriales asignadas por el Espíritu Santo. 1 Corintios 12.

 

Los énfasis más necesarios en la persona y el ministerio del maestro pentecostal

El énfasis neumatológico más necesario en el maestro pentecostal: El Señorío del Espíritu.

Los maestros pentecostales entendemos que el Espíritu Santo es quien provee la dinámica y el poder para el ministerio. El bautismo en el Espíritu Santo energiza y potencia el alcance del ministerio. La vida en el Espíritu, como vida de Cristo, proporciona la clave de integrar la Palabra a la realidad diaria. La koinonía del Espíritu proporciona el amor y la motivación para la integridad del desarrollo ministerial en el cuerpo de Cristo.

El énfasis bibliológico más importante: El acercamiento a la Biblia como norma de fe y conducta.

- El acercamiento devocional

Acudimos a la Escritura en busca del testimonio de Cristo. Anhelamos que Dios nos hable a través de sus palabras. Mantenemos un espíritu de admiración ante sus mandamientos, historias y milagros. Nos encomendamos al Espíritu Santo como inspirador del texto sagrado para que nos ilumine y nos abra la fuente de agua viva de su Palabra. Rogamos mientras leemos que nos sea revelada la gracia divina y que nos arrobe su amor mientras repasamos sus letras.

- El acercamiento teológico

Buscamos en la Biblia sustento para nuestra fe. Queremos aprender la sana doctrina y estudiamos los textos en sus contextos para confirmar que nuestra forma de creer tiene solidez por su fundamento bíblico y cristocéntrico.

- Acercamiento práctico

Vamos al texto bíblico para buscar un quehacer o una forma de conducta modelo que nos ayude a crecer en los valores éticos y espirituales que demanda Dios a su pueblo.

 

Necesitamos un maestro pentecostal más definido

Según la doctora Judy Bartel hay gran confusión entre el pentecostalismo bíblico y el de los teleevangelistas. Debemos poner mayor énfasis en la ética ministerial. Se necesita redefinir el pentecostalismo bíblico para distinguirlo del neopentecostalismo.

DeLonn Rance declara que en todas las actividades debemos ser intencionales en dejar tiempo para escuchar al Espíritu Santo. Tenemos que tomar tiempo para orar para que la gente sea bautizada en el Espíritu. En nuestros círculos debemos tener una persona que modele un pentecostalismo práctico, como Jerry Brown, amigo del Espíritu Santo, para tener un referente pentecostal poderoso y sano. El líder pone el tono de sus reuniones y actividades y si pone temas y espacios de promoción pentecostal marcará bien sus prioridades.

DeLonn Rance apunta las siguientes características de la educación pentecostal:

  • Es un proceso continuo de vida dirigido por el Espíritu Santo.
  • No se limita a las posibilidades ni recursos del pasado ni presente, sino vive en base a las promesas de Dios procediendo del futuro al presente guiada por el Espíritu Santo.
  • No sólo comunica teología, sino busca los más altos niveles de la educación preparando al alumno para hacer teología y vivir la teología en la narrativa de la vida.
  • Ser maestro es un ministerio vocacional reconocido en la Palabra y dotado por el Espíritu Santo para el bien de la iglesia.
  • Las técnicas, estrategias, tecnologías, estructuras, programas e instituciones educativas son efímeras, pero la educación desarrollada por el Espíritu Santo es eterna.
  • Es necesario que la filosofía de educación Pentecostal concuerde con la teología y práctica pentecostales.

 

El amigo del Espíritu Santo, Jerry Brown, afirma que muchos tienen la doctrina pentecostal, pero no la vivencia. Hay que promover una experiencia actualizada con el Espíritu Santo. Que el Espíritu Santo sature su vida y su enseñanza. Aún las clases más tediosas o teológicas deben tener el sello pentecostal en el maestro. La vida devocional del maestro es indispensable.

El Señor nos levantó para el siglo XXI, vivimos en la zona más poblada del mundo. La única respuesta a la sociedad corrupta y sufriente es la iglesia pentecostal, y la manera de cumplir el cometido es preparar, equipar y capacitar a los que ministran a esa gente en crisis.

 

 

Conclusión

Pongamos en relevancia la soberanía del Espíritu Santo en el ministerio docente. En los sermones, conferencias y libros se enfatiza al Espíritu Santo como ayudador, consolador, dador de poder y sabiduría, pero Cristo lo presentó como el Rector de la educación en la iglesia, es Director y Maestro de los ministros. Es él quien toma de lo del Padre y de Cristo y nos lo revela para producir y promover la gloria de Jesús.

Es necesario introducir en la conciencia del maestro pentecostal la realidad del Espíritu Santo como Director del proceso enseñanza-aprendizaje. Es quien llama, unge, capacita, ilumina y gobierna en el aula. Así que siempre hay que darle un lugar especial en cada clase.

Como maestros pentecostales nuestro mayor desafío será desarrollar un estilo de vida bajo la total dependencia del Espíritu de Dios. Inculcar en los discípulos una teología de sumisión al Espíritu, que les servirá tanto para adorar en el culto, como en el ámbito de lo cotidiano. Instruyamos a los alumnos sobre lo que significa una vida llena del Espíritu Santo.

José M. Saucedo Valenciano


 
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1 Comentario  comments 

Una respuesta

  1. Fernando

    muy ecxelente me llena mucho y reta a la ves para ser cada dia mucho mejor, adelante pepe

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