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Dando a Dios libres del emocionalismo

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2000.2

 

Por Maximiliano Gallardo P.

SE PREFIERE RECOGER la ofrenda en algunas iglesias después del sermón porque los hermanos así son más “preparados”.  Algunos suponen que la congregación estará más dispuesta a dar porque la Palabra los bendice y los deja contentos.  ¿Es esto lo que la Biblia nos enseña sobre la manera de dar a Dios?  ¿Es la voluntad de Dios que su pueblo ofrende motivado por su estado emocional?

La obra misionera y evangelística sin duda necesita recursos económicos para llevar adelante la Gran Comisión.  Las iglesias recogen ofrendas para apoyar a los ministros que se han involucrado en esta tarea.  La responsabilidad que la iglesia asuma es crucial para su sostenimiento, pero debe hacerse libre del emocionalismo tan común en nuestras congregaciones pentecostales.

Escuché en una oportunidad que Dios había otorgado a algunos creyentes el “don” de motivar a la iglesia a ofrendar.  Tales hermanos eran muy solicitados cuando había eventos masivos donde se necesitaba recoger grandes sumas para costear los gastos.  Esto me hizo meditar sobre la cantidad de oportunidades en que he visto “dones” parecidos en  acción.  Tal vez puedo estar equivocado, pero lo que presencié a veces fue una manipulación disimulada o abierta de los hermanos.  Se procuraba tocar las fibras emocionales para que dieran lo más posible.

El apóstol Pablo nos enseña que la falta de reconocimiento y gratitud a Dios es raíz de una perversión humana.  Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido, Romanos 1:21.  Como hijos de Dios entramos en una nueva comprensión de las realidades espirituales.  Si fuimos rescatados de una vana manera de vivir por la sangre del Hijo de Dios, entendemos que toda nuestra vida debe ser transformada y reorientada.  Si Cristo es nuestro Señor y Salvador, es también Señor sobre nuestros bienes.  La ingratitud natural del impenitente se convierte en generosidad y entrega, 2ª Corintios 8:9.

La Escritura nos manda honrar a Dios con nuestros bienes, Proverbios 3:9,10. Esto significa reconocer en forma práctica que somos sólo administradores de lo que Dios nos da.  No encuentro apoyo bíblico para la práctica de dar porque me sienta bien.  El pueblo de Dios debe dar por convicción y no por emoción.

Tal vez donde más se evidencia la práctica de dar motivado por las emociones es en las ofrendas misioneras o evangelísticas.  La gente a menudo condiciona su generosidad al impacto que le produzca el “testimonio” del misionero o evangelista.  Mientras más impresionante parezca la experiencia del ministro, más probabilidad hay de recoger una ofrenda abundante.  Así, lamentablemente, cuando no se muestran grandes “cifras” de convertidos o experiencias espeluznantes, la iglesia ofrenda con frialdad, lo que significa que habrá poco dinero.

¿Para qué decir de la práctica reciente de motivar a ofrendar considerando la ofrenda como una “inversión”?  El creyente es motivado a “sembrar” en ministerios “exitosos”.   Se abusa del sentido correcto de la parábola del sembrador al considerar la “semilla” como la ofrenda, el ministerio como la “tierra” y el “fruto” como el reembolso que Dios dará al creyente por estar tan “listo”, al enviar su ofrenda al lugar correcto.

Dejemos que sea la Escritura correctamente interpretada la que nos muestre qué es lo que Dios espera de sus hijos al momento de ellos ofrendar.  Cuando Pablo se motivó a recoger una ofrenda entre las iglesias gentiles para acudir en ayuda de los pobres en Jerusalén, nos dejó varios principios que se encuentran en las Cartas a los Corintios.

 

1.  La ofrenda se aparta antes de venir al culto.

Escribe el apóstol:  Cada primer día de la semana cada uno ponga aparte algo (…) guardándolo, 1ª Corintios 16:2.

Cada uno dé como propuso en su corazón, 2ª Corintios 8:7.

La ofrenda no es algo que se improvisa al momento que se colecta.  Es obvio que si no meditamos antes sobre cuánto vamos a ofrendar ni lo traemos ya preparado, pondremos en la bandeja de la ofrenda la primera moneda o billete que encontremos.

 

2.  Se da a Dios conforme a lo que se ha prosperado.

La pauta a seguir según Pablo es …según haya prosperado, 1ª Corintios 16:2

conforme a sus fuerzas (…) según lo que uno tiene, no según lo que no tiene, 2ª Corintios 8:3,12.

Es un principio descuidado.  Los creyentes pueden caer en los extremos:  dar muy poco o dar más allá de lo que tienen.  Si la persona ha meditado sobre sus recursos y cuánto significa en su propia realidad económica, ofrendar generosamente equivale a dar a Dios con sabiduría.  Aquel que no medita sobre sus reales recursos va a dar muy poco porque no tiene conciencia de este servicio, o va a estar sujeto a su estado emocional.

En una iglesia un hermano de cuantiosos recursos económicos daba a Dios según su estado de ánimo.  Cuando andaba contento, daba grandes sumas, pero cuando estaba molesto por algo, daba sólo algunas monedas.  En otro caso una familia dio todos sus ahorros a la iglesia en un momento emocional, pero luego, cuando la emoción pasó, se arrepintieron y quedaron confundidos.

 

3.  Participar en las ofrendas es un privilegio que Dios nos da.

            …el privilegio de participar en este servicio, 2ª Corintios 8:4.

¿Cuántos de nuestros hermanos piensan de esta forma al momento de ofrendar?  ¡Cuán diferente sería el ambiente de la iglesia si esto tomaran en serio!  Un privilegio es algo que nos confiere honra el participar .  Es una buena descripción del significado de dar para Dios.  No es una carga, no es una mera forma de recolectar dinero para la marcha de la congregación.  ¡No!  Es un privilegio.

 

4.  Es una evidencia de la sinceridad de nuestro amor a Dios.

            …para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro, 2ª Corintios 8:8-9.

Este principio es claro.  Cristo nos dio el ejemplo de amor, pues se hizo pobre para que los creyentes fuesen enriquecidos.  Si Jesucristo lo dio todo por nosotros, ¿no es absurdo que seamos tacaños y faltos de generosidad al dar para la obra de Dios?  Es fácil amar a Dios entregándole alabanza y gratitud con nuestros labios, pero es bien diferente expresar ese mismo amor al dar nuestro diezmo íntegro y ofrendas generosas.  El amor al dinero es fuerte en la humanidad.  El desprendernos de él generosamente es una forma objetiva de decir que amamos más a Dios que a nuestros bienes.

 

5.  La ofrenda es voluntaria y la generosidad debe ser su característica.

            …como de generosidad,  no como exigencia…, 2ª Corintios 9:5.

El carácter voluntario de la ofrenda le otorga algo especial.  El diezmo se basa en el reconocimiento que todo lo que tenemos viene de Dios.  Sin embargo, la ofrenda por su carácter apela a la generosidad del dador, en base, por supuesto, a lo que se tiene, 2ª Corintios 8:12.

 

6.  Dios promete prosperidad al que da.

            Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra (…) y aumentará los frutos de vuestra justicia, 2ª Corintios 9:8,10.

Es este punto el que lamentablemente más se ha enfatizado al momento de motivar a ofrendar.  ¿Cuál es la prosperidad que Dios promete?  Ante todo no se refiere a que si ofrendo abundantemente nunca voy a tener problemas financieros.  Recordemos que Pablo recogía esta ofrenda para hermanos pobres.  Si fuera cierto que el creyente generoso nunca empobrece, ¿qué explicación tendríamos para la existencia de pobres en Jerusalén?  Tendemos a ser muy simplistas en este punto.  Lo que Dios promete es tener “todo lo suficiente (…) para toda buena obra.  Hemos de tener para las necesidades propias y para dar a otros.  No hay aquí ninguna base sólida para la llamada Teología de la Prosperidad.  Dios promete aumentar los frutos de justicia.

Mucho más se podría escribir sobre la correcta forma de asumir y practicar la bendición de ofrendar.  Pero lo fundamental está en dejar de lado los patrones mundanos de motivación emocional o económica.  Reconozcamos lo que la Escritura nos muestra sobre este servicio para los santos, 2ª Corintios 8:4b.  La obra misionera se beneficiará mucho más cuando la iglesia comience a ofrendar por convicción y no por mera emoción.

Maximiliano Gallardo P.


 
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Comentarios: 2

  1. Ivan Pereyra

    Que tremendo este mensaje,acabo de encontrar esta bella página”Conozca” de tremenda Bendición sólo perdir por favor si pudiera darme una respuesta sobre el tema del si una mujer divorciada puede ser Pastora y que con el que tubo otra hija osea quien fue su amante hoy es miembro de su iglesia pero este hombre es casado y la esposa congrega en MMM bueno yo observó un desorden porque el obispado tiene una exigencia de testimonio, no quiero tocar temas personales pero este caso es raro muy completo complicado para mí, no quiero pensar estoy juzgando a una mujer de Dios, pero que me ayuden a ver este caso tal vez con artículo tocante a este tema gracias amado por su precioso tiempo.

  2. debemos darle a Dios con alegria para poder presentarla

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