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¿Son compatibles las mujeres y el ministerio?

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2019.1

Por Bibiana Lamas

 

 

Siempre hubo, hay y habrá mujeres sobresdalientes que enseñan la Palabra de Dios de una manera clara y profunda. Quizás para algunos sea difícil reconocer el ministerio femenino, como una manera de reaccionar a las mujeres que ejercen la terea con fuerza.

¿Es verdad que el entorno machista en el ministerio de la mujer puede socabar su servicio? Seguramente muchas mujeres se sintieron detenidas por hombres que, a pesar de amar al Señor, no supieron reconocer que Dios las usaba y las respaldaba.

Si ahondamos en el Antiguo Testamento, se muestra una activa participación de la mujer. Tener hijos se definía como la actividad primordial, pero además realizaba tareas domésticas, cuidaba a la familia, atendía trabajos de campo, preparaba alimentos y trabajaba con lana e hilos, PROVERBIOS 31: 10, 31. Además, era quien se encargaba de transmitir las creencias religiosas y costumbres a las siguientes generaciones.

Llegamos al Nuevo Testamento y encontramos en la palabra “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción porque no le permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio”. -Palabra de tanta controversia, muchas veces usada para impedir a la mujer ejercer su ministerio.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que el apóstol Pablo exhorta a la mujer a mantener una actitud de sujeción y obediencia a la autoridad ministerial o conyugal  (Ef. 5:22) Aprendamos que siempre estamos bajo autoridad y eso hace nuestro ministerio más efectivo y productivo.

En lo personal agradezco a Dios porque las Asambleas de Dios reconocen y respetan el ministerio de la mujer. En los años de ministerio nunca sentí la desvalorización o falta de oportunidades hacia el servicio de mi género. Por el contrario, el apoyo de nuestros líderes nos ha hecho sentir respaldadas y bendecidas.

Lo mismo debo decir de parte de mi esposo, quien siempre, respaldó y promovió mi tarea ministerial. Fue siempre mi Mardoqueo, hasta impulsándome a desafíos de los cuales yo no me sentía capaz, y por su respaldo acepté esos desafíos.

Jesús vino a honrar y restaurar a la mujer como tal. Fueron las mujeres las que acompañaron, sostuvieron y sirvieron en el ministerio de Jesús. Ellas permanecieron fieles hasta su crucifixión y muerte, y fueron las primeras que vieron la tumba vacía.

En el periodo de la persecución de la iglesia, Pablo encarcelaba y mataba a los cristianos, dentro de ellos iban muchas mujeres que murieron fieles a Dios (Hch. 8:3). Ellas colaboraron con Pablo en su apostolado, y también contribuyeron en alto grado para la extensión del evangelio.

El cuadro de honor de los héroes de la fe cita a muchas de ellas (He. 11): Sara  (vs 11), recibiendo fuerzas para concebir, Rahab (vs 31) que por su fe no pereció con los desobedientes, y las mujeres anónimas (vs 35) que recibieron a sus muertos.

El relato de Mateo 15:21- 28 cobra notoriedad. La mujer cananea no pertenecía a Israel, era mujer y era forastera. No pertenecía a ese universo del que los discípulos se sentían parte, y no estaban dispuestos a compartir con alguien que para ellos era de afuera.

Se trataba de una dama molesta, al punto que pidieron a Jesús que la despidiera porque daba voces detrás de ellos. Los estaba avergonzando.

Esta mujer comenzó a clamar: -“Señor hijo de David, ten misericordia de mí” . Ella necesitó que Jesús interviniera en su necesidad. Pero el Maestro responde con el silencio. Ante su clamor se levanta una pared. No existe otro relato donde Jesús haya actuado con tanta indiferencia. No sólo continuó su camino, sino que le dijo que no le correspondía recibir nada de Él. Lo que el poseía, su plan, su propósito, su bendición, tenía frontera y terminaba con los judíos. “No está bien tomar el pan de la mesa de los amos y darlo a los perrillos”.   Ella dio una respuesta contundente: “-Si Señor, pero aún los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Ganó el corazón del Señor. El pasaje concluye diciendo: “-¡Oh mujer grande es tu fe, hagase contigo como quieras!

La sirofenicia nos enseña que las conquistas se ganan con humildad, constancia y pasión. Como mujeres necesitamos la cobertura ministerial de los hombres, el hombre es cabeza de la mujer. Personalmente me bendice la supervisión de mis mayores. Las posiciones no se obtienen precisamente con orgullo o imposición. La humildad de aquella mujer cananea lo enseña. Muchas de nosotras, en su lugar, hubiéramos salido ofendidas, sintiendo que Jesús nos despreció. Ella no sólo ganó un lugar en corazón de Jesús, sino que además obtuvo un lugar en la historia.

En todos los ordenes de la vida las mujeres continúan la pelea por hallar su lugar, por ser reconocidas, apoyadas, valoradas. Hay culturas donde el ministerio de la mujer no recibe todo el reconocimiento que merece. Así y todo se avanzó.

Dios nos ha dado un lugar como mujeres en el ministerio y siempre es una bendición trabajar bajo autoridad y cobertura. Debemos estar dispuestas para ser enseñadas y corregidas cuando fuere necesario. Preocupan las mujeres que se niegan a recibir corrección o enseñanza, y prefieren manejarse solas, pensando que no necesitan la sujeción alguna.

Efectivamente, las mujeres y el ministerio son absolutamente compatibles. Pero siempre en un contexto de humildad y sometimiento a la cobertura espiritual. Varones: Apoyen, bendigan y promuevan el ministerio femenino. Mujeres: trabajemos con dedicación, esmero y sujeción. Gracias a Dios porque él nos tuvo por fieles, poniéndonos en el ministerio.

 

Bibiana Lamas


 

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