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Pensamientos sobre el lanzamiento de obreros para la cosecha

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2018.3

Por Jerry Brown, PhD

 

 

En el segundo Concilio General de las Asambleas de Dios, los líderes de nuestro incipiente movimiento se comprometieron a realizar “el evangelismo más grande que el mundo jamás haya visto”.[1]

Dr. Jerry Brown

Más de un siglo ha pasado desde esa declaración. Pero la tarea de nuestra generación es aun mayor que la prevista por los padres fundadores. Nuestro mundo es cuatro veces y media más grande que el suyo y está lleno de complejidades que ellos no podrían haber imaginado. Como educadores, estamos obligados a capacitar a todos los nuevos ministros necesarios para lograr el objetivo persistente que nos fijaron. Nos enfrentamos a una situación que Jesús describió como un campo maduro listo para la cosecha, pero para el cual la fuerza laboral era insuficiente para completar la tarea.

Jesús usó el término agrícola “cosecha” como un medio para describir y medir la finalización de la tarea misionera asignada a sus discípulos. En una ocasión, fue rodeado por una gran multitud que necesitaba curación y orientación. Los describió como acosados e indefensos mientras los comparaba con un rebaño de ovejas que no tenían pastor. “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos”. Lo que se necesita es un suministro adicional de cosechadores. Diríjase al encargado de la cosecha y pídale que busque más personas y que las ponga a trabajar antes de que la cosecha se eche a perder en el campo. ¿Cómo se aplica esto a la educación teológica en América Latina? El director ejecutivo de Misiones Mundiales, Lorenzo Triplett, nos recordaba con frecuencia que “la cosecha no se termina hasta que todo el grano salga del campo y entre al granero”.

Este breve ensayo explorará los medios por los cuales el “Señor de la mies” responde a la oración por los obreros que se necesitan para una cosecha abundante (Mateo 9:38; Lucas 10:2). La discusión será menos académica que filosófica formada por mucha reflexión. En gran parte presentará la información y los conocimientos adquiridos por el autor como sembrador de iglesias y como Director inicial de la Comisión Estratégica de Plantación de Iglesias (CEPI) de la Fraternidad Hispana Mundial de las Asambleas de Dios (FRAHMAD).

¿Por qué discutir este tema?

Hace varios años, Rodrigo Espinoza subrayó este problema para mí. En ese entonces él servía como Superintendente de las Asambleas de Dios del Perú. Me habló de su convicción de que el Señor lo estaba guiando a plantar doscientas iglesias en la ciudad de Lima. Cuando se le preguntó acerca de la disponibilidad de los doscientos plantadores de iglesias necesarios, su respuesta fue negativa. Él juzgó que las iglesias y los institutos bíblicos eran incapaces de responder al desafío de una manera mínima. En ese sentido, su visión perdió viabilidad. Simplemente no puedes plantar iglesias sin plantadores de iglesias.

Sin embargo, mi investigación adicional sobre la condición demográfica y socioeconómica de la ciudad proyectó que la población de Lima continuaría creciendo, llegando a doce millones de personas en 2025.[2] Los nuevos datos obtenidos en el estudio indicaron la necesidad de más de quinientas nuevas congregaciones de las Asambleas de Dios para evangelizar y discipular a la creciente población.

Ese descubrimiento me llevó de nuevo a las instrucciones de Jesús. Pero mi reacción inicial fue preguntar al Señor, si no hay doscientos, ¿cómo tendremos quinientos? Rara vez he sentido la voz del Señor tan claramente como entonces, pero su respuesta fue rápida: “Eso no es un problema. ¡Ya los tengo! Están sentados en las bancas de las iglesias de esta ciudad. Los he equipado con los dones que necesitan y los he llamado. Pero sus pastores no los entregarán a ese ministerio”. Me quedé con la seguridad de que los trabajadores necesarios estaban en su lugar. Todo lo que se necesitaba era proporcionar una forma para que sus pastores los descubrieran y los lanzaran para cumplir con su llamado.

La realidad es que la urbanización ha superado la capacidad de las iglesias nacionales para seguir el ritmo del crecimiento poblacional de nuestras ciudades. En su formación, la Directiva de FRAMHAD[3] citó la plantación de iglesias como la prioridad para esta década. CEPI descubrió que, en el proceso de sensibilizar a los pastores y los líderes nacionales, hubo un consentimiento unánime de que la necesidad de multiplicar el número de congregaciones era de gran urgencia. Pero, una vez más, el problema se convirtió en el déficit de obreros preparados para plantar las nuevas iglesias.

 

¿Está LAC[4] listo para la cosecha?[5]

630.5 millones de personas residen en los países de Latinoamérica, España, y el Caribe. De ese número, 523.3 millones de personas aun no conocen a Cristo. Esto significa que de cada seis personas, cinco no han recibido un mensaje del evangelio culturalmente comprensible para ellos. Cada uno de ellos necesita ser introducido en un grupo de creyentes llenos del Espíritu. Nuestra tasa de crecimiento de la población para la Región se ha reducido a 1.075 por ciento [0.01075]. Sin embargo, eso resulta en 6.78 millones de nuevas personas cada año que tenemos que evangelizar.

A la fecha de este escrito, las Asambleas de Dios en América Latina y el Caribe tiene más de 220 mil iglesias y puntos de predicación a nuestro favor. Sin embargo, el 74% de ellas están en Brasil. Pero Brasil tiene solo el 32 por ciento de la población. Esto deja a las iglesias latinoamericanas y caribeñas de habla hispana a realizar el 68 por ciento de la tarea total con apenas el 26 por ciento de las iglesias.

América Latina, aparentemente sin intención o esfuerzo, ha adoptado gran parte de la filosofía posmoderna a través del adoctrinamiento en el sistema educativo combinado con la comunicación pública y las redes sociales. El vacío espiritual dejado en su estela ha producido una generación desprovista de fundamentos para su moralidad ni una epistemología defendible. El naturalismo, o sea, materialismo no puede proporcionarles un razonamiento moral. Están espiritualmente conscientes y deseosos de experiencias espirituales pero sin ningún medio de distinguir la verdad de la falsedad. La confusión social queda ampliamente demostrada por la forma en que la agenda LGBTQ (homosexual) ha reclamado el terreno elevado en el debate moral sobre el género y la sexualidad.

Los sociólogos han descrito a los miembros de la generación nacida en las primeras dos décadas de este milenio de muchas maneras, pero un valor subyacente es su demanda de autenticidad. Esto tiene grandes implicaciones para la iglesia y nuestros intentos a evangelizar y discipular a los jóvenes de hoy. Buscan una experiencia auténtica con el verdadero y único Dios. Quisieran experimentar una comunidad que demuestra la auténtica presencia del Espíritu Santo.

Todo esto ha abierto las puertas a la mayor oportunidad con que la iglesia ha sido presentada desde el primer siglo. La única respuesta para esta generación y los numerosos problemas sociales del complejo urbano hoy es una Iglesia completamente pentecostal al estilo del Nuevo Testamento. La pregunta surge nuevamente en este punto: ¿tienen las iglesias en nuestro movimiento los recursos espirituales y humanos con una motivación para enfrentar el desafío?

 

¿Hay un número suficiente de “segadores”?

Sin embargo, no es responsabilidad de los educadores encontrar o llamar a los trabajadores. Esa es la obra del Espíritu Santo. Idealmente, la IBAD recibe a personas que perciben un llamado a servir a Dios en alguna capacidad de ministerio. El educador los orienta y los prepara presentándoles las herramientas necesarias para tener éxito en el cumplimiento de ese llamamiento.

El Señor nos ha dado la tarea instrumental de moldear y capacitar a quienes él descubre y llama. Algunos de los que él ha seleccionado ya para ministrar a esta generación se encontrarán en las bancas y en posiciones de liderazgo en las iglesias locales. Debido a que nuestro Señor es el Dios del presente que también llena el futuro, él tiene planes de salvar y llamar a una multitud de nuevos ministros que en el momento actual siguen bajo la dominación del “dios de este siglo”. Otros más pueden ser despertados a nuevos horizontes en las aulas de nuestros Institutos Bíblicos.

Esta discusión surgió en el Diálogo de Educadores 2017 en la Ciudad de Panamá, Panamá. El consenso colocó la culpa de la escasez de obreros para plantar nuevas iglesias directamente a los pies de los pastores. Al mismo tiempo, parecía haber acuerdo en que los Institutos Bíblicos no eran los progenitores de los plantadores de iglesias. Más bien, las congregaciones locales habían asumido el papel de las iglesias “madres” para la expansión de nuevas obras.

 

¿Qué queremos decir con “liberar” a los trabajadores al ministerio?

Nadie nace pastor, evangelista, misionero, maestro o plantador de iglesias. Cada uno de estos es el producto de una cadena de discipulado que ocurre en una iglesia local bajo la dirección de su pastor. El pastor tiene un gran interés en aquellos en quienes ha invertido su ministerio. Percibe la responsabilidad de guiar el desarrollo espiritual de cada miembro de su congregación. Por lo tanto, existe una renuencia natural a entregar a sus discípulos al control de otra persona o entidad. En nuestro contexto, esto también puede producir un sentido de “propiedad” sobre la congregación.

Se entiende que los pastores desean participar en las decisiones que afectan a sus discípulos. Esto puede llevarlos a su renuencia a soltar a los miembros a un ministerio fuera de su control. También es cierto que los obreros confiables son un elemento clave en el funcionamiento de la iglesia local y que la mayoría de las iglesias no tienen ninguno que puede perder. Liberar a un líder valioso y querido se ve como una pérdida considerable para el ministerio de la iglesia local. Esta situación se complica más cuándo no haya predicación sistemática sobre el llamado de Dios y la presentación de oportunidades para que los miembros respondan a su llamado. A menudo, se alienta a los jóvenes más brillantes y a los jóvenes más prometedores a seguir carreras profesionales en la universidad sin considerar la opción del ministerio como una vocación.

Las iglesias filiales o anexas que permanecen atadas a la iglesia madre por tiempo indefinido han sido citadas como otro aspecto del problema. Esto impide la autodeterminación de la congregación, el desarrollo de nuevos obreros, y la multiplicación de ese nuevo cuerpo como parte de la estructura denominacional. Entre las razones ofrecidas se encuentran la capacidad de la iglesia madre para asegurar el crecimiento de la estación externa y la supervisión continua del obrero. Además, el anexo creará recursos adicionales para la iglesia madre. A veces, existe desconfianza en el liderazgo nacional también que pueda ser parte de la ecuación. En ocasiones, hemos observado que incluso los estudiantes que ingresan en los estudios hacia el ministerio con la aprobación completa de su pastor, no están en libertad para seguir su propio camino ministerial fuera de su iglesia local.

Hemos buscado un vocabulario adecuado para expresar y explicar este problema. Parece que “soltar” lleva el significado si solamente se quiere pensar en abrir paso o en dar al obrero libertad para ejercer su voluntad. Sin embargo, la palabra “lanzar” expresa mejor el concepto de intencionalidad y el envío del individuo a la obra. El Diccionario de la Real Academia Española proporciona las siguientes palabras equivalentes:

  • Soltar: desatar o desceñir. Dejar ir o dar libertad a quien estaba detenido o preso.
  • Lanzar: Soltar, dejar libre
  • Liberar: Hacer que alguien o algo quede libre de lo que lo sometía u oprimía.
  • Libertar: Poner en libertad o soltar a quien está atado, preso o sujeto físicamente. Librar a alguien de una atadura moral.
  • Desatar: Desenlazar una cosa de otra, soltar lo que está atado
  • Eximir: librar, desembarazar de cargas, obligaciones, cuidados, culpas, etc.

Pero, cada una de estas debe ser vista en el contexto bíblico de las demandas del discipulado. El Señor de la mies es el único amo de los llamados a seguirle. Cada discípulo es liberado para seguir el llamado del Señor quien dirige la cosecha y asigna al trabajador el lugar de mayor valor para el avance del reino de Dios.

Fue este el caso cuando los “profetas y maestros” que dirigían la iglesia de Antioquía recibieron instrucciones del Espíritu Santo de separar a Bernabé y Saulo para la obra a la que él los había llamado. El Espíritu les reveló lo que Dios había determinado ya para la misión específica de sus colegas. Los dos eran miembros valiosos del equipo de liderazgo de aquella iglesia y fueron fundamentales en el crecimiento de la obra. Ante la dirección del Espíritu, los líderes oraron por ellos y los liberaron. Luego fueron “enviados en su camino por el Espíritu Santo”. “Los líderes cristianos efectivos también verán la necesidad de discernir los dones de Dios para el ministerio en otros, para apoyar (y cuando sea necesario entrenar) a aquellos a quienes Dios está llevando al ministerio local o la misión en otros lugares, y afirmarlos mediante actos de ordenación o comisión”.[6]

¿Cuáles son los principios bíblicos que sustentan el concepto de liberación?

La invitación inicial de Jesús a sus discípulos fue: “Ven, síguenme y les haré pescadores de hombres”. Tenía un objetivo en mente que a los discípulos les habría costado mucho definir al principio de su discipulado. El propósito del Señor se revela en el relato de Marcos, “para que estuviesen con él y para enviarlos a predicar, que tuviesen y autoridad para sanar enfermedadesy para echar fuera demonios” (Marcos 3:14-15).

La meta principal del discipulado de Jesús con los Doce fue liberarlos al ministerio en su ausencia. Sin embargo, en al menos dos ocasiones les dio asignaciones prácticas de ministerio individual o compartido, y luego pasó un tiempo con ellos recibiendo sus informes e impartiendo instrucción adicional.[7]

Su discipulado de los Doce no terminó en la cruz. Después de la resurrección, el Señor continuó preparándoles hasta su ascensión. Les enseñó sobre el reino por el Espíritu Santo. Sin embargo, después de eso, aunque estaban completamente preparados y autorizados por el Espíritu, su ministerio mostró una dependencia continua del Espíritu y la guía del Señor Jesús.

El objetivo del discipulado no es la formación de nuevos creyentes para que lleguen a ser buenos miembros de la iglesia, sino preparar a discípulos maduros que entienden sus dones espirituales y abrazan su papel de ministerio en el cuerpo de Cristo y en el mundo. El producto final del proceso de discipulado no es solo un discípulo, es un hacedor de discípulos.

La siguiente lista con viñetas describe la relación de cada creyente con el llamado de Dios al servicio dentro del reino. Todos los obreros pertenecen al Señor de la mies.

  • Cada creyente es llamado a seguir a Jesús (Mateo 16:24; Lucas 9:23).
  • Cada creyente es comisionado (Mateo 28: 19-20; Marcos 16:15; Juan 20:21).
  • Cada creyente recibe el don del Espíritu Santo que mora en ellos (Juan 14:15-17; 16:13; Romanos 8: 9,14).
  • Se espera que cada creyente experimente el poder del Espíritu Santo (Lucas 24:49; Hechos 2: 38-39).
  • Cada creyente es dotado por el Espíritu Santo (Romanos 12: 6; 1 Corintios 12: 7; Efesios 4: 7).
  • Cada creyente tiene un ministerio (2 Corintios 5:20; Efesios 4:12; 1 Pedro 4:10).
  • Cada pastor tiene la responsabilidad de capacitar a cada miembro de la iglesia para descubrir y ejercer sus dones en el ministerio (Efesios 4:11).

Los argumentos actuales con respecto a los ministerios “quintuples” en la carta de Pablo a la iglesia de Éfeso han proporcionado tanta confusión como claridad. La conclusión es que Jesús ha dado a ciertos individuos a la iglesia para funcionar en roles específicos dentro del cuerpo de Cristo. Ellos, los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros que Cristo ha puesto en la iglesia comparten el mismo objetivo único: el de equipar a los miembros del cuerpo de Cristo para el ministerio.[8]

¿Por qué soltarlos?

La cuestión del rendimiento de la inversión se encuentra a la raíz del problema de aferrarse a miembros que es posible que Dios esté llamado para otro ministerio. ¿Cuál es el beneficio a la iglesia y a mi ministerio y a mi congregación? Los pastores deben poder ver la obra de la iglesia en su ciudad y nación con ojos de reino. Esto hará posible que vean la separación y el envío de sus trabajadores como ganancia en lugar de pérdida. El Señor no es deudo de nadie y el levantará otros líderes en la iglesia para servir en el lugar de los que hayamos soltado para obedecer su llamado.

La Comisión Estratégica de Plantación de Iglesias (CEPI) ha visto un buen crecimiento utilizando ministros laicos que plantan iglesias bajo la supervisión y tutoría de su pastor. El CEPI se ganó la confianza al hacer que los pastores fueran socios y participantes en el proceso de capacitación. Querían participar y participar en la dirección, capacitación y supervisión de los miembros que ellos eligieron para plantar iglesias. Habían rechazado programas anteriores de plantación de iglesias que buscaban capacitar a los obreros sin su participación y, a veces, sin su permiso. Sin embargo, a medida que experimentaron el desarrollo y el éxito de sus discípulos para ganar personas para Cristo y desarrollar el núcleo de una iglesia, la liberación del trabajador se convirtió en una alegría en lugar de una pérdida. Ver a la progenie espiritual crecer y prosperar en el ministerio produce un sentido de satisfacción y gran valor para el ministerio del pastor.

Cuando un pastor discípula y envía obreros, multiplica el alcance y la eficacia de su ministerio. Esto se traduce en la alegría de participar con el Señor en el cumplimiento de la Gran Comisión.

Un beneficio adicional es que cuando un pastor invierte en el reino entrenando y liberando a obreros valiosos, será recompensado a medida que el Señor envía nuevos discípulos para entrenar y dar forma. Hay una ley de reciprocidad en juego aquí. Dios da más a los que puede confiar con poco. Y les quita a los que se niegan a invertir lo poco que tienen.[9]

La capacitación y liberación de un nuevo trabajador en el ministerio le asegura al pastor que el conocimiento y la experiencia adquirida en toda una vida de ministerio, la inversión de Dios en la vida de su siervo, continuarán y no irán a la tumba con él, sino que Continuar bendiciendo a la iglesia en las generaciones futuras.

Recuerde las palabras de Abraham cuando se enfrentó con lo que parecía ser la probable pérdida de su único hijo, “¡Dios proveerá …!”

 

¿Cuál es el papel de la educación teológica?

No hay respuestas simples para la pregunta que hemos planteado. Los problemas son complejos y desafían las soluciones ya propuestas. Tal vez la discusión debería ampliarse y convertirse en un tema de reflexión seria, esperando la dirección del Señor de la Cosecha su. Me gustaría hacer algunas observaciones y sugerir algunas preguntas para estimular la reflexión y el diálogo.

Cuando Jesús nombró a los Doce, su primer propósito fue tenerlos con él.[10] El discipulado nunca puede ser una relación a larga distancia. Exige una estrecha interacción y observación. Conocer a Jesús a través de estar con él fue antes de ser enviado a predicar y expulsar demonios. Es probable que los estudiantes capten más de estar en su presencia y de desarrollar una relación en lugar de simplemente escuchar conferencias.

Idealmente, los educadores deberían cultivar amistades con pastores y líderes regionales y nacionales. Tales relaciones son cruciales para construir confianza en nuestro ministerio como educadores. Nuestra autoridad es espiritual y no posicional. Esta autoridad se ejerce mejor con la confianza que nos sea prestada a base de relaciones con los a quienes servimos.

De alguna manera, el enfoque de los estudiantes y los pastores debe alejarse de su posible papel en la iglesia local hacia un enfoque en su papel como creadores de discípulos que expanden el reino de Dios. Todos debemos venir a ver a la iglesia local en relación con su papel en el crecimiento del reino en lugar de a la salud de la iglesia como un fin en sí mismo. Una iglesia verdaderamente saludable tendrá interés en multiplicar su ministerio y cumplir con la comisión del Señor.

En respuesta a las necesidades presentadas anteriormente, se debe responder una pregunta básica. “Si seguimos haciendo lo que estamos haciendo, ¿cumpliremos la tarea de evangelización?”

¿Hemos desarrollado una filosofía educativa de ministerio que refleje nuestro compromiso con la tarea principal de la iglesia y el esfuerzo misionero? El papel de la educación teológica es moldear y cambiar a la próxima generación de líderes para inculcar en ellos una filosofía de ministerio centrada en el missio Dei. ¿Nuestros requisitos de entrada y salida reflejan este compromiso filosófico?

¿Estamos entrenando a las personas correctas? Los ancianos que Pablo y Bernabé dejaron a cargo de las iglesias nacientes que plantaron eran adultos maduros que ya tenían una posición como líderes dentro de la comunidad. ¿En qué medida hemos excluido a estas personas de nuestro programa de educación teológica? ¿Nuestro programa de capacitación ministerial es accesible para los adultos en media carrera que están siendo considerados para ser encaminados hacia el movimiento de plantación de iglesias?

En este punto, varios miles de obreros laicos han ingresado al ministerio como plantadores de iglesias. Con el mentoreo de su pastor, pasan por un programa de entrenamiento práctico de un año. Sin embargo, pocos de ellos han recibido alguna educación teológica formal. Presentan una necesidad urgente de métodos innovadores para proporcionar las herramientas básicas que necesitarán para llevar a una iglesia semilla a la viabilidad y para discipular efectivamente a sus convertidos.

En las Epístolas, Pablo ve al maestro como una persona que es un regalo para la iglesia. Al maestro se le ubica en el aula, o cualquier situación de enseñanza para actuar en lugar de Cristo como su representante para lograr sus metas para las personas a quienes ministre. Nuestros dones naturales y dones espirituales serán mejorados a través de su unción y cumplirán su propósito para el educador y para el alumno. No elegimos la enseñanza porque somos buenos en eso, sino en obediencia a Aquel que llama y envía obreros a la cosecha. Nunca podemos olvidar que somos sus agentes para preparar y afilar las herramientas de aquellos que él ha escogido para enviarlos a la mies con autoridad sobre los espíritus malignos, para predicar el evangelio del reino y sanar a los enfermos.

Creo que los estudiantes de primer año deben estar expuestos a las prácticas básicas y necesarias en la plantación de iglesias como parte de su entrenamiento ministerial. Los estudiantes deben ser provistos con oportunidades para la practicar en el campo la enseñanza impartida en el aula. Siempre que sea posible, esto debe ir acompañado de pasantías en las que se mejore el aprendizaje al servir junto a pastores con experiencia y plantadores de iglesias.

Los datos recientes nos dicen que tenemos 54,000 estudiantes inscritos en nuestras instituciones de educación teológica. Esa estadística tendería a refutar la afirmación de que los pastores no están dispuestos a liberar a sus miembros para recibir capacitación ministerial. La pregunta fundamental que debemos enfrentar es “¿Cómo podemos canalizar a estos valiosos recursos al campo dónde el maestro quiere utilizarlos en la siega?” Las necesidades presentadas son abrumadoras. Pero los recursos que el Señor ha llamado y confiado a nuestra tutela son mucho mayores de lo que podríamos haber imaginado. Esta es la hora en que, con la ayuda de Dios, debemos enfrentarnos al desafío con un ejército mucho mayor que el de Gedeón.

 



[1] [1] https://ifphc.org/index.cfm?fuseaction=history.main

[2] Instituto Nacional de Estadística e Informática de Perú. 2011.

[3] Fraternidad Hispana Mundial Asamblea de Dios

[4] LAC es la designación de AGWM (Misiones Mundiales de las Asambleas de Dios de los Estados Unidos de América) para la región de América Latina y el Caribe

[5] La información en esta sección se extrae de una variedad de fuentes que incluyan infomes anuales de AGWM, El CIA World Factbook (www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook), el World Bank (Banco Mundial) y countrymeters.info. Estos fueron obtenidos en Abril de 2018.

[6] David G. Peterson (2009:377) The Acts of the Apostles: Pillar New Testament Commentary. Erdmanns. 2009.

[7] El Plan Supremo de Evangelización por Robert Coleman es el manual clásico en cuanto al método de discipulado de Jesús. Contiene un análisis detallado del proceso de entrenamiento desarrollado por Jesús que sigue valido hoy en día. (Unilit 1998).

[8] Ephesians 4:11-17. Desde su perspectiva pentecostal, Gordon Fee provee un éxegesis meticuloso y balanceado sobre este pasaje en cuanto a la naturaleza de la dadiva de Cristo a la iglesia. (God’s Empowering Presence (Hendrickson 1994:702-708).

[9] Mateo 25:14-24

[10] Marcos 3:14

 

Jerry Brown


 

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