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Lugar para los niños

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1991.4

 

Critica con tono estentóreo al mesonero que no hallaba lugar para el niño Jesús. Se yergue con actitud farisaica para quejarse de los discípulos que no querían permitir que niños fueran llevados al Señor.

Pero hay que observar a ese pastor cuando los niños de su propio hogar se ponen a retozar. Se calcula en milímetros la atención que presta a los niños de la familia nueva que visita. No hace mucho una pareja joven se entristeció cuando el pastor no presentó su recién nacido al Señor en el culto del domingo como había prometido. Incluso habían invitado a unos familiares para ese culto. Él se disculpa diciendo que se le pasó. “Es que tenía tantos asuntos importantes en la mente.”

Vale la pena examinar la Teología del Niño que trazó el Señor Jesús durante su ministerio terrenal. Dijo que el que recibe a un niño en su nombre, recibe al mismo Señor. Si Cristo llegara al culto esta noche, ¿lo recibiríamos de la misma manera rutinaria en que muchos presentamos a un niño al Señor?

La práctica de presentar a un niño al Señor en un culto probablemente tiene su origen en el relato de la disposición de Jesús de tomar a los niños en sus brazos y bendecirlos. Tal ocasión se debía a su vez a la costumbre de los judíos de llevar a un niño cuando cumplía el año a un rabí para que lo bendijera. Costumbre noble.

Como ese acto se lleva a cabo una sola vez en la vida del niño, y como Cristo se identificó con los niños, ¿qué atención se le debe dar? ¿Con qué solemnidad? La ocasión se presta en grado superlativo para fortalecer los lazos de la familia. En la cultura latina, los padres que pueden acostumbran invitar a sus familiares para el bautismo de su hijo. Claro que no vamos a bautizar a uno que no entiende todavía lo que es arrepentirse de sus pecados (aunque sí nació con naturaleza adámica), pero se puede aprovechar el contexto cultural dándole mucha importancia a la presentación de un niño al Señor.

Cuando los familiares no evangélicos ven que en nuestra iglesia le damos realce a la presentación de un niño, a lo mejor perderán un poco de sentimientos negativos en contra de nosotros. Verán que no hemos “abandonado” la cultura latina porque reconocemos que la presentación de un niño es un acontecimiento único de gran significado para la vida de la criatura como también para su familia. Si tomamos el tiempo para celebrar una ceremonia con toda la elegancia posible, se reafirmará la importancia que Cristo daba a los niños. Estaremos diciendo que sabemos que sí al Señor le place que se le dé dignidad a un niño. Pondremos énfasis al hecho de que no hay necesidad de rechazar los valores positivos de la cultura latina por haber aceptado a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

Y qué belleza añadir a la ceremonia de presentación de un niño el significado de otra ceremonia de los judíos. Me refiero a la presentación que hacían los padres en el templo no con el fin de que Dios los bendijera, sino en un acto de entrega a Jehová del tesoro que Él les había dado a ellos. José y María presentaron al niño Jesús en el templo para consagrarlo al Señor.

Los padres lógicamente son los indicados para consagrar su hijo a Dios. Que buena oportunidad para tomarles un juramento de criar al niño en el temor a Dios. Y qué lindo cuando se ponen al lado de los padres unos testigos. Lo hacemos para un casamiento de dos personas. ¿Por qué no hacerlo para la presentación de una vida nueva?

‑fww

 

Floyd Woodworth W.


 

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