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Los tarahumaras

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1981.3

¿Quién es un tarahumara? ¿Qué piensa Dios de él? ¿Será él mi prójimo?

Alrededor de tres mil años atrás una parte de los nómadas que andaban por el territorio norteño que ahora es parte de México, establecieron su morada en la cordillera conocida hoy con el nombre de Sierra Padre Occidental. Después bajaron a las planicies cerca de lo que es hoy la ciudad de Chihuahua. Cuando los españoles iniciaron la conquista, y forzaron a los indios a trabajar en las minas, a veces hasta morir, los tarahumaras huyeron, volviendo a las montañas.

Hoy en día se calcula la población de este pueblo en 45,000. Viven en cuevas, en las rocas metamórficas y blandas de la sierra. En el invierno algunos bajan a los valles más cálidos, donde construyen cabañas de troncos o de adobe. Son pastores y cultivadores del suelo en pequeñísima escala, subsistiendo con una economía miserable.

Se les conoce por el nombre de “tarahumaras”, pero ellos se llaman a sí mismos “rarámuri”. No estamos seguros de lo que significa este nombre, aunque algunos suponen que la palabra se compone de dos voces: “rara”, que significa pie y “muri”, que-viene de la palabra “júmari” que quiere decir correr. Lo que sí es cierto es que son capaces de correr por lo menos dos días seguidos, a la vez que aguantan el hambre y el frío del camino. En cierta carrera deportiva, los hombres van arrojando una bola de madera con los pies. En otro deporte que practican, usan un palo de un metro de largo, en forma de cuchara para recoger una bolita de madera y golpearla hasta llegar a la meta. Les gusta correr por terrenos muy quebrados. A menudo tienen que cruzar ríos, en que el agua les llega hasta la cintura.

Según dicen ellos, el hecho de ser tan fuerte se debe a que Dios les sopló tres veces cuando los creó. Dicen que las otras razas han sido hechas por el diablo y que Dios solamente les sopló dos veces. Cuando el tarahumara se siente enfermo, manda buscar un curandero. Si la enfermedad es muy grave, este hará tres ceremonias. En cada una sacrificará un animal. Si hay sospecha de que alguien ha hecho una brujería en contra del enfermo para quitarle el alma, el curandero procurará soñar un sueño ritual en que se buscará el alma perdida.

Comparado con otros indígenas, el tarahumara exhibe muchas diferencias. Es delgado y alto, de pómulos salientes con un pequeño rasgo de ojos mongoloides y con la piel morena y cetrina. Su pelo es completamente lacio, negro y grueso.

Es un individuo adaptado a la Sierra Madre, pero completamente inadaptado a la cultura occidental. Vive sin alegría, sobrio y callado.

Los tarahumaras mantienen su manera tradicional de vestir. Las mujeres llevan muchas faldas amplias, una encima de otra, y blusa abombachada. También usan fajas de lana y bandas de tela en la cabeza. Andan descalzas. Los hombres, cuando van a la ciudad, llevan pantalón. En la sierra usan una zapeta, la cual es una pieza de tela cuadrada y doblada en triangulo. Una punta cuelga por atrás y la otra se coloca entre las piernas. Se ponen en la cintura una faja de lana, ajustada con dos vueltas.

En los pies llevan “huaraches”, hechos de un trozo de llanta de hule y una tira larga de cuero. En la cabeza se ponen una banda ancha de tela atada, y dejan caer las dos puntas por detrás. En el invierno se envuelven en una pesada cobija de lana para protegerse del frío.

Estos indígenas no viven en comunidades. Andan solos para arriba y para abajo, por las cumbres y por los barrancos. No disfrutan del hermoso paisaje que los rodea por las muchas supersticiones que los atormentan.

Por ejemplo, creen que si algún animal se espanta en su presencia, como una codorniz que suelta el vuelo de repente ante sus pies, se puede perder el alma. Piensan que el arco iris se roba a los niños, y que se casa con algunas mujeres con el resultado de que no pueden tener hijos. Para ellos los torbellinos son malos espíritus. Debajo de la tierra viven duendecitos, que buscan la oportunidad de causarles daño.

Creen en un dios padre que se identifica con el sol y en una diosa madre que es la luna. También creen que después de la muerte se transformarán en pájaros. Es necesario hacer muchas cosas para recibir el favor de los dioses, dicen. Hay que bailar, sacrificar animales, y tomar tesgüino, que es una bebida alcohólica. Aunque sufren hambre y no debieran disponer de la cosecha de maíz para lo que no sea de alimento, malgastan mucho de este grano para hacer tesgüino.

Los jesuitas les trajeron una nueva religión. Ahora el tarahumara vive en una confusa mezcla de, la religión católica y su religión primitiva. Realizan una ceremonia religiosa que incluye el sacrificio de un animal en un altar rústico. Esparcen la sangre, mientras un hombre recita una letanía católica y toma tesgüino. Detrás del altar colocan tres cruces.

El tarahumara anda solo por la sierra con miedo. Nadie le ha llevado las buenas nuevas de la salvación. El Distrito Norte de México de las Asambleas de Dios, bajo la dirección del Superintendente Gilberto Cordero, está buscando la manera de alcanzar a este pueblo. Los pastores de las iglesias ubicadas en la región informan que algunos de estos indígenas están aceptando a Cristo en los cultos. El Distrito compró un terreno en Guachochi, pequeño pueblo donde los indígenas hacen sus compras. Se ha edificado allí un templo, y un pastor está al frente de la obra. También han impreso un tratado en el dialecto tarahumara. Roguemos a Dios que algún creyente tarahumara se dedique a evangelizar a su propio pueblo en su propio dialecto.

Editor


 

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