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El programa misionero de una iglesia colombiana

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1982.3

Entrevista celebrada con Álvaro Serna, pastor de la iglesia “Ebenezer” en Bello Horizonte, Bogotá, por Luis Yépez, profesor ecuatoriano de ISUM

 

Yépez: Pastor Serna, quisiéramos nos explicara en qué consiste el programa de misiones de la iglesia en Bello Horizonte.

Serna: Bueno, este programa de misiones nació hace seis años en la iglesia con el pastor anterior, el hermano Raúl Ortiz, quien sintió en su corazón ponerlo como fundamento en la iglesia. Ya han salido algunos que son pastores, predicadores y evangelistas. A través de este programa yo mismo tuve mi formación.

Yépez: Nos agrada mucho conocer la historia de esto. Ahora, reconociendo la importancia de este plan, nos gustaría que nos dijera cómo se podría llevar a cabo en otras congregaciones.

Serna: Misiones es salir de las “cuatro paredes”. Si cada iglesia fuera una iglesia misionera, crecería la congregación y habría más fruto en la vida de los creyentes. El programa exige trabajo. El creyente que no trabaja es semejante al zángano. Hace daño a la iglesia.

Debemos crear el espíritu misionero comenzando desde la niñez porque de otra manera la gran encomienda del Señor no va a ser realizada sino en parte.

Yépez: Entiendo que esta semana pasada celebraron un énfasis especial de misiones. ¿Cuáles fueron los resultados?

Serna: Tremendos, hermano, tremendos. Nunca antes en una convención misionera existió tanta animación e inspiración.

Fíjese usted hermano, que desde el año pasado se tiene por costumbre dividir la iglesia en grupos para trabajar enfocando un plan determinado u objetivo claro y específico. Se puso especial cuidado en los drogadictos y las prostitutas. Un grupo trabajo en este aspecto. Otro trabajo en los hospitales, otro en las cárceles y otro con los niños.

En la semana pasada hubo un nuevo despertar en la congregación. Muchos pasaron para renovar su visión y llamamiento. Yo creo que muchos querrán entrar de lleno a la obra del Señor.

En el aspecto económico, tuvimos promesas para este año de 1982 que alcanzaron la gran cantidad de $320.000 pesos colombianos. Vendría a ser como unos 3,500 dólares. Me sorprende a mí la motivación que hay. Es de una gran bendición cuando de verdad la iglesia entiende lo que es misiones.

Yépez: Entiendo que esta es una actividad local. ¿Qué futuro nos esperaría de aquí a un poco de tiempo? ¿Se podrían mandar misioneros colombianos fuera del país?

Serna: Yo no quisiera hacer alarde del asunto, pero la iglesia “Ebenezer” es pionera en Colombia de las misiones en una forma organizada. Cada domingo último del mes es día de misiones. Pero no es un programa más. De esta iglesia va a salir la primera pareja misionera con nombramiento de la obra nacional para trabajar en otro país. German Serna y señora representarán la iglesia colombiana en la República de Paraguay.

Creo yo que cada iglesia debería organizar un Departamento de Misiones. Sé de otras iglesias que lo están haciendo. Gracias a Dios que se estableció el Departamento de Evangelismo y Misiones en el Distrito Central de las Asambleas de Dios de este país.

Yépez: Aunque la labor es tan importante, ¿no cree usted que están dando un paso muy precipitado, dada la condición económica de las iglesias?

Serna: Es sorprendente cómo la gente da para misiones. En la última noche de nuestra convención de misiones vimos lo que pocas veces ha pasado en la iglesia. El culto empezó a las 6:00 de la tarde y terminó a las 9:30. Realmente no había lugar donde sentarse.

Ahora no es verdad que la gente no tenga dinero. Da su ofrenda cuando sabe para qué se destina.

Algunos pastores creen que si se reciben ofrendas para otras personas o si se les va un obrero para abrir una obra nueva van a tener problemas económicos. Esa visión raquítica Dios nunca la bendice. Se detiene la mano del Señor y también de los creyentes para dar.

Yépez: Quisiéramos pedirle sus consejos finales para todos los lectores de CONOZCA y para los dirigentes en los países de habla hispana.

Serna: Creo que esta es una obra de demasiada importancia para el pueblo evangélico. Unos han venido y nos han ayudado, han entregado su propia vida en nuestros suelos. Ni sus sufrimientos ni las persecuciones ni la sangre de ellos han sido en vano. Hoy nosotros tenemos en nuestras manos la posibilidad de ayudar a otros que están en gran necesidad. Esta hora no es para estarnos preguntando si lo hacemos o no lo hacemos, si nos conviene o no nos conviene. El mundo está con un grito de auxilio. Pide socorro, luz y ayuda. Esa ayuda tiene que venir de la iglesia, de los creyentes, de los que en una oportunidad conocieron a Jesús como su Señor y Salvador personal. Tenemos que hacer misiones.

No es cuestión que si queremos o no. Mi invitación es aun a la iglesia más pequeña, que tenga un programa continuo de misiones.

Para terminar quiero contar algo que va a servir de mucha bendición. Uno de los obreros a quien le estamos ayudando durante este año me dejó sorprendido. Al recoger las promesas, él ofreció al Departamento de Misiones de la iglesia 250 dólares. Fíjese usted como es el asunto. Al recibir él sintió en su corazón dar. Creo que es el principio lógico de Dios–dar para recibir. Aunque sea la congregación más pequeña, Si aprende a dar, Dios la va a bendecir. Le va a dar hasta que “sobreabunde”. Llegarán almas nuevas. Entrará dinero. En todas las dificultades lo va ayudar el Señor. Así que ¡ánimo! que cada pastor, que cada hermano trabaje en misiones.

Luis Yépez F.


 

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