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La didáctica en el aula

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1982.4

Por Lewis McCown

 

A continuación presento una idea que dejará un impacto en el corazón del estudiante y lo motivará a hacer una evaluación de su entrega personal a Dios. Servirá, además, para hacer más amena la clase.
Diga a los alumnos que van a escribir un aviso para la sección de los clasificados de un diario. Pídales que se hagan la idea de que se solicitan personas interesadas en trabajar en la obra del Señor.
Pregunte a la clase cuáles datos se deben incluir en un aviso de esta índole. Es imprescindible enumerar los requisitos para el puesto. También sería bueno poner al rector en conocimiento de cuál será el sueldo y los beneficios que se ofrecen. Se le podría informar también, de la clientela que habrá que atender. Se pueden incluir las oportunidades que el solicitante tendrá para realizarse.
Divida la clase en cuatro grupos. Cada comisión investigará un pasaje para luego escribir la información apropiada, que se incluiría en el aviso.
Grupo 1. Buscará los requisitos para llenar el puesto. Se basará en I Corintios 1: 26-31.
Grupo 2. Descubrirá el sueldo y los beneficios del puesto. Se basará en I Corintios 4: 10-13.
Grupo 3. Investigará I Corintios 5: 9-13; 6: 9-11 para hallar la clase de clientela que servirá la persona contratada para el puesto.
Grupo 4. Buscará cuáles oportunidades tendrá la persona para realizarse según I Corintios 10: 23-33.
En la redacción del informe que cada grupo presentará a la clase entera, se debe procurar el empleo de expresiones y lenguaje de la actualidad, tales como se ven en los avisos clasificados en los periódicos.
Al terminar el tiempo especificado, cada grupo informará a la clase lo que hizo. Uno de los miembros de la clase podrá pasar los informes a una lámina de cartulina, o tal vez en la pizarra. En las clases sucesivas cada alumno podrá fijarse en el aviso, y le vendrá a la mente lo que Dios le pide en su dedicación personal.
El maestro debe preguntar a todos si están dispuestos a ser usados por Dios para realizar un servicio especial. Se debe animar a todos a pensar que si reúnen los requisitos, si están dispuestos a trabajar por el sueldo ofrecido y beneficios mencionados. ¿Aceptarán trabajar con la clientela? ¿Podrán subordinar sus deseos personales a lo que pide el Jefe de Personal?
En la despedida se debe orar rogando a Dios que todos puedan hacer una nueva entrega al servicio del Señor, cueste lo que cueste.

 

Lewis McCown


 

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