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Música . . . y algo más

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1986.1

Por Lidia Lewczuk de Masalyka

 

“Yo era enemiga de la política de Hitler, y directamente odiaba su persona. Pero cuando nos sacaban de las fábricas para asistir a los frecuentes desfiles y escuchar la música militar, me emocionaba tanto que en ese momento todo cambiaba. Era capaz de dar la vida por él. Todos mis conceptos se transformaban” Así testificó una señora en una reunión de algunos sobrevivientes alemanes de la Segunda Guerra mundial.

Desde tiempos inmemoriales la música ha influido notoriamente en el hombre y aun en el destino de las naciones. Cuando los gaiteros entraban en el campo de batalla los soldados luchaban con ferocidad.

En Argentina durante la guerra de las Malvinas, se escuchaban por todos los medios canciones patrióticas. En pocos días todos se sentían héroes. Las proclamas eran totalmente ajenas al mensaje evangélico. Una de las frases más usadas era: “No nos pidan el olvido, no nos pidan el perdón.” Pronto estaba en boca de los niños que lo cantaban a todo pulmón. Observé el efecto en muchos creyentes que se transformaban en resentidos y tuve que hacerles notar cómo se dejaban influir a través de esa música.

Bien saben los comerciantes que la música puede ser un instrumento eficaz para vender sus productos. ¿Quién no se ha sorprendido cantando en forma casi inconsciente las maravillas de un artículo?

 

La música como herramienta del mal

Satanás no desconoce cuán influyente es la música. Sabe que puede despertar apetitos sensuales, provocar violencia. Es, pues, en manos de hombres sin Dios un elemento valioso para el reino de las tinieblas.

La música acompañó los ritos idolátricos de la antigüedad. Recordemos a las tres jóvenes hebreos en la corte de Nabucodonosor, quien se había ensoberbecida hasta creerse una divinidad. En el día de la dedicación de su estatua de oro, la cual tenía un valor incalculable, se preparó un gran acompañamiento musical. “Mándese …que al oír el son… de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua de oro…” Daniel 3:4-6.

Imaginemos a los jóvenes entre esa multitud internacional. ¿Habrán sentido presiones? La música tal vez era incitante. Apelaba a sus emociones.

Muchos éxitos de disquerías hoy día provocan excitación, sensualidad y violencia. Ya son “vox populi” los mensajes subliminales que se graban en los casetes. Se escuchan perfectamente en retroceso. Algunos hermanos hicieron la prueba y se quedaron pasmados. Los títulos de dos canciones son “Solo le pido a Dios” y “Navidad de Luis”. suenan tan cristianas… ¡pero al revés es pura adoración al diablo e insultos a Cristo! Estos son temas argentinos, pero los hay peores en autores internacionales. Con razón el delirio y la obsesión que tienen los jóvenes con esta clase de canciones; los tiene ligados a la oscuridad hasta que Cristo los toca.

Jimmy Hendrix, famoso guitarrista de rock (murió por sobredosis de drogas} afirmó: “La música es una casa espiritual. Tú puedes hipnotizar a la gente con ella y cuando lo llevas al clímax, le puedes predicar al subconsciente la que se te antoje.”

 

La “músicoterapia”

Un psicólogo informa que en el año 1975 se experimentaba en Israel el método de tratamiento con música en enfermos mentales con muy buenos resultados. Los pacientes se apaciguaban sin necesidad de medicamentos.

Pero ya en el año 1050 a. C se conocía la “músicoterapia”. (¡Qué chasco para los que creen haber inventado algo nuevo!) Saúl era atormentado por un espíritu malo, caía en depresiones y se ponía muy violento. Los criados, preocupados por su bienestar (y el de ellos también), propusieron buscar a alguien que tocara algún instrumento. Hallaron a David. “Y Jehová estaba con él, tomaba el arpa y tocaba con su mano y Saúl tenía alivio” (1 Samuel 16: 14-23).

Siempre recomiendo a los hermanos cantar salmos porque el hacerlo tiene doble función: alabar a Dios y memorizar su Palabra de Dios. Ambas son armas poderosas que hacen retroceder al diablo.

En medio de una situación desastrosa Eliseo buscó comunión con Dios a través de la música. Había sido llevado ante Josafat y Joram y este lo atropelló con palabras agresivas contra Dios. Eliseo lo hace callar y pide un músico. “Mientras el tañedor tocaba, la mano de Jehová vino sobre Eliseo.” En esa atmósfera de paz en medio de una gran crisis vino la Palabra de Dios. (Véase 2 Reyes 3.)

 

La música en la iglesia

David se preocupó mucho por formar músicos y construir él mismo instrumentos. A pesar de que era un hombre de guerra, rodeado de rudeza, tenía gran sensibilidad. Era un creador. Uno de sus directores de coros era Asaí, autor de varios salmos proféticos. Los cantores eran instruidos en el canto para Jehová, todos aptos. (Véase 1 Crónicas 25.) La bendición y ayuda del Espíritu no van separadas del aprendizaje. Los cantores eran instruidos además de ser idóneos y aptos.

Una de las fallas que vemos en algunas iglesias es la despreocupación de este aspecto. Se pone al frente de los coros a cualquiera que no tiene el mínimo discernimiento. No está preparado, habla cualquier cosa por llenar el tiempo. Pide al público: “Digan algún coro que está en sus corazones.” Entre divagaciones se pierde el propósito del culto.

No hablo de despreciar a los hermanos que no sepan cantar. Dios hizo al cuervo y también al ruiseñor. Cada uno debe aceptar el lugar que le corresponde en el cuerpo y bendecir al hermano. En nuestra congregación unos hermanos insistían en que “sentían del Señor cantar un himno”. Cantaron, pero no bendijeron a nadie, aunque les sobraban buenas intenciones. Cuando no se les dio más oportunidad, se enojaron y no volvieron a la iglesia “porque el pastor no nos deja servir al Señor”. Mi esposo los visitó para animarles a volver y les hizo entender que él no cantaba bien, pero sí podía predicar. Ellos eran una bendición evangelizando, pero no cantando. Lo entendieron y regresaron.

Nuestra alabanza debe ser máxima, la más excelente. Debemos enseñar a los dirigentes de la parte musical a practicar y ensayar mil veces si es necesario para que sea “suave y hermosa”. Se ven tantas veces programas interminables de cantos especiales. De los que pasan al frente, uno dice un discurso, otro un testimonio, otro “una palabra” (¡Pero son cien y acaban de empezar a afinar las guitarras!). Los preciosos minutos transcurren, vienen las disculpas, la gente se pone impaciente. Luego agregan el consabido “Van a perdonar si no nos sale bien, pero lo hacemos para la gloria del Señor”. Si esto se hiciera en cualquier espectáculo mundano con seguridad los abuchearían o les tirarían algo. ¡Dios es digno de suprema alabanza!

Debemos prepararnos con anticipación. Si el que dirige está mal anímicamente, eso es lo que trasmitirá al pueblo. Debe entender que él es el instrumento que ayudará a los demás a abrirse al obrar del Espíritu Santo. Mi esposo, como pastor, no permite que nadie toque ningún instrumento en el culto si no viene una hora antes para orar. Luego repasamos juntos cada coro que se cantará, aun cuando sean hartos sabidos por nosotros. Se necesita seguridad en la letra para infundir confianza a la gente. No hay nada más incómodo que estar en una reunión en la que el director de cantos está errando en los tonos y la iglesia canta desafinadamente. Eso hace que algunos se rían, y que nadie piense en Dios.

 

¿Qué de la música moderna?

He llegado a un tema polémico. Todo pastor o maestro se enfrenta con grupos juveniles que traen novedades para la iglesia. Debemos ser realistas. Nuestro tiempo no es el de la Biblia, y los ritmos tampoco. Se debe buscar un equilibrio.

La música muy estruendosa nos puede emocionar y poner eufóricos, pero no va profundo. Hay muchos conjuntos de rock moderno para evangelizar a la juventud. Algunos ponen luces de colores y visten ropa para identificarse con los inconversos, pero al poco tiempo después de sus recitales de las decisiones por Cristo provocadas por la emoción, no todos ellos permanecen fiel.

Otro cuidado que debemos tener los líderes es no permitir que se canten en la iglesia canciones mundanas, aunque su letra hable de Dios y haya muchas aleluyas. Hace años, en muchas iglesias los jóvenes cantaban “Mi dulce Señor” (por los Beatles). Con el tiempo se supo que no era Cristo ese Señor de que se habla en la letra de dicha canción, sino Krishna, un dios del hinduismo.

Sucedió lo mismo con partes de la obra “Jesucristo Superestrella”. Es un ridículo lo que hace de Cristo dicha opera rock. Judas es el héroe. También tenemos el ejemplo de “Jesucristo” y otras canciones muy tiernas de Roberto Carlo (brasileño), quien se proclama cristiano. Sin embargo, tiene su cuerpo lleno de amuletos satánicos para su protección.

En esta zona de América está en la cumbre Facundo Cabral, que habla de su experiencia con Dios. Muchos se pusieron contentos pensando que era un nuevo hermano en la fe porque canta porciones del Sermón del Monte, pero al final habla de que Dios y el diablo son la misma cosa.

Otros traducen el amor de una pareja de las canciones románticas y lo aplican a Jesús. Yo no acepto eso. La inspiración celestial es superior y puede darnos cosas mucho mejores. No conviene rebajar la alabanza a ese nivel. Pensemos quien inspiró dicha letra. Tampoco debemos permitir que nuestros instrumentos musicales consagrados al servicio santo sean utilizados para otros fines. Como los utensilios del templo eran del Señor, así debe ser con todo el patrimonio de la iglesia. No puede una persona que toca en clubes y bailes hacer uso de los instrumentos de la iglesia, y menos tocar en los cultos, aunque lo haga maravillosamente.

 

Niveles de alabanza

Se debe cantar con gozo, echando fuera toda perturbación y tristeza. “Venid a su presencia con regocijo.”

Hay que cantar con gratitud, reconociendo la obra del Señor en nosotros. Miremos a nuestro alrededor y agradezcamos cada milagro.

Cantemos con adoración en Espíritu y verdad. Hasta se puede cantar en manifestación de los dones.

Imaginemos los millones de blasfemias que Dios escucha de todo este mundo vil. Millones de personas indiferentes lo ignoran. ¡Cómo debe disfrutar cuando oye de labios de sus hijos: “Oh Dios te amo. Te bendigo, Señor, con todo mi corazón”! Dios busca adoradores.

Aun las estrellas están en sinfonía permanente. Los mares y océanos tienen un compás extraordinario. Nosotros podemos adorarlo también con la música.

“Aclamad a Jehová con arpa; cantadle con salterio y decacordio. Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo” (Salmo 33:2,3)

 

 

Lidia Lewczuk de Masalyka


 
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1 Comentario  comments 

Una respuesta

  1. Eduardo

    Es una señora religiosa que un púlpito o Facebook para criticar a cantantes cristianos. Habría que avisarles a Juan Luis Guerra, Montaner, Jean Carlos, Boby Cruz y tantos que dejen de predicar, que ella va en camino hacia los perdidos. Aparte Dios le ha dado la potestad de juzgar a los demás… Qué vergüenza, usar una red social o un púlpito.

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