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¿Dónde está nuestra música?

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1986.1

Por Juan Carlos Jiménez H.

 

Desde pequeño tuve el privilegio de crecer en una familia cristiana, ya que mi padre era pastor de una iglesia de las Asambleas de Dios. Recuerdo como él tenía que ingeniárselas para dirigir los servicios de la iglesia y al mismo tiempo tocar un viejo acordeón durante los cánticos congregacionales, ya que carecíamos de quienes pudieran tomar la responsabilidad del ministerio musical de la iglesia. Eso despertó en mí un gran interés en la música. Hoy, varios hermanos contemporáneos míos de esa misma iglesia hemos sido dotados por Dios de habilidades musicales que sirven de bendición en la obra del Señor.

Este recuento es similar en muchas iglesias, pero las hay donde aún no se ha despertado una conciencia musical. Ello se debe tal vez a la poca importancia que se le da a la música como medio de adoración que hace a uno suspirar y eleva el alma hacia Dios.

Es tan importante la música en el culto a Dios que el Antiguo Testamento está lleno de referencias a ella. En el Nuevo Testamento, aunque son menos las referencias musicales, se nos dice que el Señor Jesús, después de tomar la última cena, entonó con sus discípulos un himno. San Pablo nos habla de salmos y cánticos espirituales, alabanzas al Señor. Así vemos que desde los albores del cristianismo la música ha tenido su lugar en la adoración a Dios.

¿Por qué es pobre la música en muchas iglesias hoy? Una es la falta de un programa de educación musical ágil, rápido y atrayente. Otra razón es el poco interés en nuestra música folclórica, la que bien pudiera servir de marco para una adoración genuina de los pueblos. Ésta constituiría un vehículo cultural para expresar nuestra alegría y así alabar a Dios. Otro problema es que sin duda la juventud se siente atraída hacia la música moderna, cosa que la iglesia no ve con buenos ojos.

¿Cómo hacer para que la iglesia logre una realización musical? Hay que despertar la música inconsciente de la iglesia. Hay que descubrir los talentos que existen, pero que por falta de oportunidad no se han descubierto aun. Hay que saber motivar este aspecto para despertar el interés que nunca hubo. Hay quienes sin saberlo tienen vocación de músico.

¿Qué maneras o métodos se pueden usar para incentivar e incrementar la música? Que se lleven a cabo talleres musicales con énfasis en el solfeo y la composición. Que se celebren festivales de la canción cristiana que motiven el deseo de componer música cristiana y de tocarla. Hay que dar prioridad también en la iglesia al ministerio musical, usándolo como medio de que cantores y músicos, respaldados por el poder del Espíritu Santo, puedan servir a Dios y su pueblo por medio de sus talentos. Indiscutiblemente ello se tomará en un método que alcance a aquellos para quienes la música es una atracción. Se necesita evangelizar a las personas cuyo dios es la música y no el Dios que hizo la música. Recuerdo con satisfacción cuántas personas llegaron a los pies de Jesús a través del ministerio musical cuando visitábamos cárceles y parques en Colombia. Nadie puede negar que tal ministerio resulta en una cosecha de almas cada vez que se desarrolla.

¡Resucita, América, hay en ti mucha música!

 


 

 

Juan Carlos Jimenez H.

El colombiano Juan Carlos Jiménez Herrera actualmente se prepara para el ministerio en el Southeastern Bíble College de las Asambleas de Dios en Lakeland, Florida Forman el hogar con él su esposa María e hijita Melisa.


 

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