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Recurso humano de valor incalculable

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1988.2

Por Jorge E. Porras M.

 

 

Las instituciones educativas abren sus puertas para instruir a estos individuos que son ni más ni menos futuros y grandes científicos, magistrados, gobernadores o presidentes. Muchos llegarán a tener el enorme privilegio de ser grandes evangelistas, pastores, maestros o escritores. En todos ellos se depositará el destino de la Iglesia, la sociedad y el mundo.

No todos los jóvenes de nuestra poblada América tendrán la oportunidad de preparación académica, ya que por su estado socioeconómico se ven obligados a buscar la manera de obtener algunos centavos para mitigar una que otra necesidad de la familia. Por la falta de oportunidades se pierden grandes talentos, y por ende la raza humana es privada de muchos beneficios que estas mentes podrían aportar, pero inmersos en la pobreza, no lo harán.

La Iglesia tiene un gran compromiso con la juventud que se levanta. San Pablo dijo: “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.” Romanos 15: 1. Apliquemos este principio a nuestras relaciones con los jóvenes. La Iglesia debe usar toda su poderosa influencia para el beneficio de estos héroes en potencia.

Las buenas relaciones entre el grupo familiar contribuyen a la estabilidad del joven y a la formación de provechosos ciudadanos. He preguntado a algunos adolescentes acerca de lo que desean recibir de sus padres. Estas son algunas de las cosas que les hacen sentirse satisfechos, estables y seguros:

 

  1. Que los padres se preocupen por el progreso de los estudios y trabajos que realizan sus hijos, asistiendo a las reuniones de padres de familia en las instituciones donde estudian sus hijos.
  2. Que los padres estén prestos a felicitar a sus hijos por los éxitos obtenidos en la aprobación de exámenes, por la buena conducta en la institución o por la aprobación del año escolar. Los jóvenes deben saber no sólo que sus padres se sacrifican por costearles los estudios, sino que también los admiran por su perseverancia y espíritu de superación con que emprenden todas sus actividades.
  3. Que los padres tengan a bien estar con sus hijos periódicamente en sus casas. Les gusta que les cuenten anécdotas de sus vidas: cómo se conocieron y cómo llegaron a contraer matrimonio, los momentos felices y los momentos amargos que han vivido, o la experiencia en la espera del nacimiento de cada uno de sus hijos. Necesitan escuchar el comentario de algún libro o tema de actualidad y, ¡por qué no, un rato de lectura bíblica y altar familiar!
  4. Que los padres tomen parte activa en los deportes que practican sus hijos.
  5. Que padres e hijos realicen paseos, a un zoológico, a un parque o montaña. Nuestro mundo está lleno de fuentes naturales donde podemos distraemos con nuestra familia.

 

Si gastamos un poco de dinero y mucho de nuestro tiempo en nuestros hijos, obtendremos un fruto delicioso.

Donde haya jóvenes hay dinamismo, acción, valentía, atrevimiento, desafíos y grandes oportunidades de realizar proezas. La fuerza de la juventud de nuestras iglesias, usada por el poder del Espíritu Santo, vendrá a ser como la bomba atómica de la segunda guerra mundial que el día que fue detonada cambió el curso de la historia. Cuando los líderes de nuestras iglesias logren explotar la potencia, la capacidad y la sagacidad de nuestros jóvenes, conmoverán los pueblos y transformarán el estado anímico de sus congregaciones.

El anhelo de los pastores y líderes de nuestras iglesias es ver el crecimiento de sus congregaciones; no obstante es notorio el gran éxodo de la juventud que se observa en ellas. Los adolescentes emigran de sus congregaciones sin haber alcanzado la suficiente madurez espiritual porque en su mayoría las iglesias no cuentan con planes de acción para motivar a la juventud a perseverar en la vida cristiana. ¿Qué podemos hacer para suplir esta necesidad apremiante de la Iglesia de mantener a la juventud estable en sus congregaciones y prospera en su vida espiritual? ¿Cómo podemos enseñar a nuestros jóvenes a disfrutar de la vida abundante que el Señor les ha dado?

Propongo las siguientes sugerencias:

* Crear un fondo económico permanente con contribuciones voluntarias para otorgar becas a los jóvenes interesados en estudiar en el colegio, en la universidad, en el instituto bíblico.

* Formar un grupo de capacitación para enseñar a los jóvenes como aprovechar las muchas oportunidades de servir al Señor.

* Proveer en nuestra congregación un grupo de orientación y asesoramiento especial para los jóvenes adolescentes, con el fin de darles un trato individual y personal, ayudándoles en el momento de la crisis a la que a menudo se enfrentan.

* Llevar a cabo paseos con carácter recreativo para fomentar la comunión y la confraternidad entre los jóvenes.

* Celebrar retiros espirituales para el desarrollo y madurez espiritual. Estas oportunidades son favorables para tocar temas especiales conforme a la necesidad del grupo. A la vez motivan al joven a estar a solas con Dios. Sirven para conocer las características de cada joven.

* Preparar una invasión evangelística involucrando a los jóvenes para que aprendan a compartir a Cristo con los demás.

La juventud llega a la iglesia en busca de un ideal. Ama la verdad. Los líderes tenemos la gran responsabilidad de proveer para ellos un ambiente atractivo y lleno de calor humano.

Los jóvenes adolescentes vienen por la senda de la vida que ya nosotros los adultos recorrimos. Muchos de nosotros no tuvimos las oportunidades que ellos tienen ahora, pero no privemos a estos jóvenes de las oportunidades de surgir en esta vida.

Ellos son como un automóvil último modelo que circula por las carreteras de la vida, pero por su inexperiencia corren desenfrenados. Hace falta la pericia de la experiencia para su buen desenvolvimiento. Podemos aportar la nuestra, haciéndoles sentir que somos sus amigos y que estamos dispuestos a ayudarles.

Sería fatal despreciar este recurso humano de valor incalculable.

 

 

El isumista. Jorge E. Porras Mora pastorea la iglesia de las Asambleas de Dios en Escazú, San José, Costa Rica, su tierra natal. Siendo un joven confundido y sintiéndose rechazado, vino a los pies de Cristo por la bondad y aceptación que encontró en una iglesia. Es casado con Patricia Vargas Cordero y tiene un hijo.

 

Jorge E. Porras M.


 

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