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Vislumbres: La “Nueva Era”

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1991.4

Por Denis Rivera D.

 

¡Qué sorpresa! Hombres con largas vestiduras moradas enseñaban en el parque donde íbamos a predicar esa tarde del domingo. Se les veía un mechón de pelo largo en el centro de la cabeza. Usaban unos “guaraches” de cuero y sonaban unas campanas para llamar la atención de los transeúntes. Los hare krishna, proclamando ideas del lejano oriente, se encontraban en la pequeña ciudad de Granada, Nicaragua. Buscaban discípulos para su dios Brahma.

Otra forma de la filosofía oriental se refleja en el movimiento Nueva Era. En los Estados Unidos ha tenido una infiltración asombrosa. Cantantes como Tina Turner y el ex beatle George Harrison son fieles seguidores del movimiento. Cineastas como Shirley McC1aine esparcen sus enseñanzas. Los libretos de películas como Star Wars, Ghost y otras enseñan escuetamente las creencias del movimiento. Revistas promueven sus doctrinas sobre magias y ocultismo.

¿Cuál es el concepto que tienen de Dios? ¿Qué motiva a la gente a participar en ese movimiento?

La forma de concebir a Dios no es tan nueva como el movimiento pretende. Raya en el concepto antiguo del panteísmo. Es una creencia que asume que el universo puede identificarse con Dios, que solamente existe una realidad la cual puede ser descrita con la palabra “Dios” o “naturaleza”. Para ellos esos dos términos son lo mismo. En otras palabras, creen que “Dios es todo y todo es Dios”.

Mark Satin, representante de ese movimiento, afirma: “Cuando nosotros estamos en un estado espiritual, todas las cosas se sumergen dentro de una gran unidad.”¹

 El ser humano, dicen ellos, puede diluirse en el arroyo quieto, en el crepúsculo sereno, en la versatilidad del leopardo o en la divinidad misma. Una identidad separada es una ilusión … Una identidad propia es un campo dentro de un campo mayor.²  Cada identidad está en contacto con otros seres de mayor identidad y esto forma un campo de energía colectiva. La realidad es el todo y, el todo incluye a Dios.

 El movimiento Nueva Era afirma que cada alma es su propio Dios. Tú nunca debes adorar a nadie o nada más que tu identidad porque tu eres Dios. Amar tu identidad es amar a Dios.³

Los seguidores piensan que el hombre es el resultado de sus propios pensamientos. Lo que el hombre pueda visualizar en sus pensamientos, eso será. Proponen que el hombre puede evolucionar hasta lograr la divinidad. Dicen que la luz y verdad descansan en su propio corazón, que cuando ese simple hecho es reconocido por el hombre, se da cuenta de su divinidad. Está “iluminado”.

Con ese concepto se hace eco a la oferta antigua y engañosa de Satanás en el Huerto del Edén: “serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios.” Esa idea fue la que motivó a Eva a fraguar sus propios planes aparte de Dios. Esa es la idea que motiva a miles a seguir el movimiento Nueva Era haciéndoles creer que son Dios. Esa filosofía no hace distinción entre el Creador y la creación. La Biblia dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” Describe el carácter trascendental y único de Dios. La creación no es Dios. Él es Creador del universo. Es más sublime que los cielos los cuales se estremecen ante la gloria de su poder. Los montes tiemblan ante su incomparable presencia. Las criaturas celestiales tienen que tapar el rostro y los pies para poder prorrumpir en adoración y confesar delante de él que está sentado en el trono: “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra esta llena de su gloria.”

El Dios de la Biblia, a diferencia del Dios del movimiento Nueva Era, trasciende a lo material, al tiempo y al espacio. El Dios de la Biblia no se muda, no cambia. Es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Dijo a Moisés: “Yo soy el que soy.” Es el Eterno.

Karl Barth afirmó: “Dios es totalmente otro.” Sin embargo, el Dios de la Biblia es un Dios cercano e íntimo al hombre. En la medida de su amor, Dios entregó a su Hijo a la tortura de los romanos para los sediciosos y criminales. Cristo pagó el precio para que el hombre pudiera relacionarse con Dios. Es cierto que el Dios de la Biblia es único y trascendental, pero ama al pecador.

“Seréis como Dios” Hoy como ayer, el enemigo trata de seducir al hombre con un caramelo envenenado. Apela a la vanidad del hombre para hundirlo en el engaño y apartarlo de la verdad que salva y dignifica la vida humana. Pero no convence a aquellos que están arraigados en el evangelio.

 

NOTAS

  1. Satin, Mark. New Age Politics. New York: Dell 1979, pág 97.
  2. Ferguson, Marilyn. The aquarium Conspiracy. Los Angeles: J. P. Tarcher, 1980, pág 101.
  3. McClaine, Shirley. Dancing in the Light. New York: Bantam, 1985, pág 130, 104.

 

 

 

 

Denis Rivera D.


 

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